Lluvia

Un amigo tiene la teoría de que cada año tiene limitados sus días de buen tiempo y que, una vez que se terminan, ya no hay nada que hacer. Da lo mismo que hayamos gastado los días de sol en enero, en febrero o en diciembre. Si una vez llegado el verano no hay disponibilidad de jornadas de buen tiempo, da lo mismo que el calendario marque junio, julio o agosto porque estará nublado o lloverá. Es posible que hasta la meteorología esté aplicando la doctrina Merkel sobre el ahorro, la austeridad y el adecuado uso de los bienes. Eso pensaba uno ayer por la tarde mientras veía llover y escribía estas líneas. Crisis en las bolsas, crisis en las nubes, charcos en las aceras, charcos en nuestras cuentas, goteras en el tejado del estado del bienestar y hasta en la caseta del perro. No se puede derrochar el disfrute del buen tiempo porque luego lloverá en junio, parece querer decirnos el cielo, con un tono de reproche muy parecido al que usa la primera ministra germánica cuando preside las reuniones de la UE. El sentimiento de culpabilidad que nos ha creado la repetición machacona de que somos los culpables de la crisis por aquello de “vivir por encima de nuestras posibilidades”, se acabará por trasladar al resto de las cosas de la vida que salen mal. Si llueve en junio será porque hemos gastado el remanente de días buenos antes de tiempo. Ya habrá quien nos los eche en cara. Yo nunca he entendido bien el funcionamiento de la atmósfera, tampoco el de la bolsa, ni mucho menos el de las agencias de calificación que, al cambio, vienen a ser como los hombres del tiempo que pronostican lo que les da la gana y, al final, nadie les puede reclamar nada porque nos replicarán que en cuestiones de dinero y de nubes no hay una ciencia exacta. En eso los economistas se parecen bastante a las pitonisas. La meteorología y la economía pueden jodernos la vida o todo un fin de semana y, encima, dejarnos con una sensación de impotencia y culpabilidad por manirrotos, por querer estar todo el año morenos o empeñarnos en cambiar de coche cuando nos viene en gana. No descarten ustedes que el Gobierno nos pida cuentas por el mal tiempo y la caída del mercado turístico. El Gobierno tiene mucha habilidad para echarnos la culpa de todo a los ciudadanos. Si siguen cayendo chuzos del cielo y del IBEX 35 tendremos que pedir más de un rescate y arreglárnoslas como podamos porque Mariano Rajoy se habrá ido el fútbol. Aunque llueva.

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