Juntaletras

Soy juntaletras. Y a mucha honra, aunque algunas personas crean que me insultan al llamarme así. Soy juntaletras por la desgracia de Dios,  por lo civil y por necesidad; juntaletras por error y por horror, o viceversa. Juntaletras que solo tiene una carrera en los calcetines con sus cosechas de tomates y todo. Juntaletras me dicen quienes creen ofender mi honrado oficio de palabrero remendón, de mercenario del diccionario. Juntaletras nos llaman esos tipos que se niegan a conceder entrevistas o se esconden para no responder, esos que creen poder hacer ruedas de prensa sin preguntas como si se pudieran hacer tortillas de patata sin huevos y sin patatas. Ellos y otros han puesto de moda machacar a los juntaletras porque no soportan que estos mequetrefes les metan el dedo en el ojo a los juntacargos, a los juntadietas, a los juntachollos, a los juntasueldos a los juntaconsejos de administración, a los junta ruinasbancarias, a los juntachorizadas, a los juntafraudes o a los juntasospechas, a los juntaparados, juntarecortes y juntatrolas . ¿Cómo llamar a un juez que se va de juerga a Marbella con cargo al erario público? Juntajetas, juntaprevariacaciones.  Y ¿cómo no llamar juntapenas, juntadesgracias o  a ese ministro que recorta la pensión de las viejas, o juntapestes a quien cierra consultorios médicos y cobra las recetas, o juntatrolas a ese candidato que no va  cumplir jamás su programa electoral, un simple ejercicio de juntapalabras? Los juntaletras estamos en el mundo para que ese ejército de “juntadores” de desgracias, de prebendas y de quebrantos (ajenos, claro) sientan de vez en cuando que no todo vale. Ellos seguirán llamándonos juntaletras, tuercebotas, majaderos y cosas peores, y nosotros tendremos que seguir tratándolos a ellos de usted, de señoría, de ilustrísimo, de monseñor o de usía, porque ellos sí pueden decir lo que piensan de nosotros, pero nosotros no podemos decir casi nunca lo que opinamos sobre ellos y sobre lo que hacen. Lo nuestro sería grave desacato. Lo de ellos es ejercicio de su noble función pública, como cuando la “juntafachas” Esperanza Aguirre amenaza con cerrar un campo de fútbol para que no se abuchee a nuestro Príncipe, uno de los mayores “juntadudas” sobre el futuro de la monarquía.

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