Vida

Uno ha llegado a pensar que escribe habitualmente de política porque, en realidad, no sabe escribir de la vida. La política es simple; la vida, complicada, por eso uno tiene a veces más problemas para hacer crónicas de la realidad que crónicas parlamentarias. Y eso es porque casi todos los políticos son lineales, ególatras, clónicos por disciplina de partido y sólo cumplen papeles, roles de un guión donde no caben morcillas. Todo es previsible en ellos. Por suerte, el resto de los seres  de la vida son complejos, retorcidos, geniales o sencillos, pero son variables, imprevisibles, no usan argumentario para responder a las preguntas, tienen piedad, usan de la empatía o la grosería, se emborrachan con razón o sin ella, y lloran o abrazan sin preguntarse si es lo correcto. Los seres vivos aún se enamoran y deben dinero, piden perdón sin guión, odian y aman con las tripas, se asombran o se desesperan sin hacer aspavientos, salen de sus escombros, entran en sus infiernos, lidian sus purgatorios y saben que mañana será otro día.

En la política, las pasiones se subliman en un cainita congreso extraordinario, una moción de censura, unas cartas al director, una rueda de prensa, un par de guardaespaldas o un par de dimisiones. En la vida, las pasiones engendran arte, engendran hijos, crímenes y castigos y abonan el territorio de la imaginación, del morbo, o de la leyenda. La política produce ex ministros, seres ególatras que se llaman estadistas, diputados apocados, senadores casposos, segundas damas, herederos torpes y delfines que no navegan. La vida, por el contrario, cultiva aventureros de pata de palo, mujeres irresistibles, misioneros en el Congo, directores de orquesta de melena al viento, vaqueros e indios, gentes con talento, poetas, asesinos, cocineros y sabios. Por eso uno escribe de política más que de la vida, es más fácil. Siempre en los escaños es todo más previsible que en las oscuras e inflamables pasiones que ascienden con olor a potaje por un patio de vecindad. La política es un laboratorio. La vida es la selva virgen en la que habitaron alguna vez esos seres que siempre van de corbata y que sólo ponen cazadora para ir a un mitin o los fines de semana.

La política fue vida en algún tiempo atrás, tal vez en sus orígenes, pero ahora ya no se parece en nada a ella, ni siquiera se toma la molestia de tratar de imitarla y cada vez que se mezcla con ella es para joderlo todo.

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