Broma

Hace unos días presencié en Gijón y en directo uno de los “botellones” callejeros más grandes de mi vida. Vi con extrañeza que se celebraba a pleno día, detrás de la Feria de Muestras, y tras peregrinar hacia ese destino diciendo “meca, vaya pedo” como quien va a Meca con sus litronas de toda especie, allí se emborracharon con alegría y desenfado las mesnadas de estresados universitarios gijoneses que no habrán aprendido otra cosa, pero que saben ya de sobra que hace falta beber para vivir. Lo raro de esto es que el concurrido “botellón” se celebraba en una ciudad cuyo Ayuntamiento está estudiando un sesudo reglamento para prohibir precisamente los botellones callejeros, los besos a tornillo en las esquinas, las meadas fuera/dentro del tiesto y la práctica de otras indecencias similares en lugares públicos. Me extrañó, además, que la Universidad de Oviedo y su reelegido rector, tan obsesionados por apartarse como de la peste de manifestaciones lúdicas tumultuosas y alcohólicas (véase la Semana Negra), no hubiera dictado un bando público bajando la nota de los exámenes a los estudiantes que eligieran mostrarse bebidos en las calles en vez de quedarse embebidos en la biblioteca empollando sus exámenes de primavera. También me chocó que la gran borrachera colectiva no se celebrase en esa explanada esterilizada y hermanada con el Campus y no en un parque municipal por el que pasan niños que, a lo mejor, se escandalizan de ver tanto beodo en horas de oficina. Me extrañó también que ningún colectivo vecinal, asociación de hosteleros, comunidad de propietarios o despacho de abogados curtido en trifulcas contra los desmanes callejeros, se hubiera pronunciado en contra de semejante manifestación de consumo etílico entre la juventud. Por mucho menos que eso se han montado en esta ciudad unas Babilonias terribles. Pero, este no fue el caso. Ya que los universitarios han aprovechado que las autoridades miraban a otra parte, que el sistema legal está lleno de grietas o que hay muchos legisladores fariseos, propongo a la ciudadanía que reserve cada viernes el parque inglés para celebrar allí sus cuchipandas familiares, bodas, bautizos o despedidas de soltería. O hacemos todos botellón o que alguien me diga qué broma es esta.

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