Clavo

Los clavos ardiendo se están convirtiendo en artículos muy apreciados en el mercado de los materiales de prevención y seguridad en el trabajo. Lo que son las cosas. A pesar de la incomodidad de su diseño y de las graves lesiones que puede llegar a alcanzar su utilización, el clavo ardiendo está siendo uno de los soportes vitales con mayor salida en el mercado laboral, personal e ideológico. La reforma laboral es, en realidad, una fábrica en serie de clavos ardiendo. La crisis en general produce también gran cantidad de cantos con los que darse en los dientes siempre y cuando la propia situación nos haya precipitado ya al fondo del precipicio. Al fin y al cabo la vida entera es un clavo ardiendo del que estamos pendidos sin solución de continuidad. Cuando amanece, que no es poco, se puede dar uno con un canto en los dientes. El resto es pura lotería. El día que se rompe la precaria percha nos vamos al carajo con una esquela por epitafio y un par de responsos de pago como despedida. Tener que hacerse un virtuoso del clavo ardiendo a ciertas alturas de la vida es algo que era de esperar tarde o temprano, tras habernos comido ya todas las longanizas con que se ataban los perros en tiempos pasados. Pensamos que España era Suecia y que nos pasaríamos la jubilación dorada tomando el fresco en una tumbona de Ikea y una manta sobre las rodillas.

Pero no, amigos. España es España y nuestra aportación al diseño internacional es el famoso clavo ardiendo como herramienta fundamental y percha de nuestro bricolaje vital. Excepto los banqueros, especialistas en perchas de caoba, y Felipe González que se lo lleva crudo con su consultoría privada, aquí se agarra a un clavo ardiendo desde el yerno del Rey para no ir a la trena hasta el último currante, pasando por los sindicatos que convocan huelga general a buenas horas, y toda la clase política que vuelve a presentarse a las mismas elecciones con los mismos problemas y la misma ausencia de ideas. Pero es igual, ellos se agarrarán a su clavo ardiendo para seguir vendiendo catecismos pasados de fecha e inventos que no pasarían ni por el filtro del profesor Franz de Copenhague. Yo iré a votar si me garantizan que cuando vuelva de la urna no encontraré mi clavo ocupado por otro idiota.

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Un pensamiento en “Clavo

  1. Clavos ardiendo también son las soluciones que nos ofrecen para salir de esta situación. Hoy me desperté con las palabras de nuestra alcaldesa diciendo que las empresas son nuestra único camino de salida de la crisis. Hombre, pensando que las empresas ya estaban ahí antes de que hubiera una crisis le encuentro ciertas dificultades a la ecuación. Otro clavo ardiendo.

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