Antídotos

“Amigo mio, el aire está lleno de palabra tóxicas que no se ven, pero terminan por respirarse”. El médico de cabecera se lo dijo con esta contundencia a un tipo a quien conozco que acudió a la consulta con una fuerte tos, flemas del peor color posible y dolores en el pecho. A cada aspiración su pecho emitía un ruido parecido al de un tubo de escape trucado. El doctor le tomó el pulso mientras le preguntaba qué palabras había respirado en las últimas semanas. Algo mosca, mi amigo pensó en el último boletín informativo de la radio que había entrado directamente hasta el fondo de sus bronquios. Vio el transistor como una alcantarilla abierta de la que salían a chorros palabras fétidas como recesión, recortes, paro, déficit, reforma laboral y miedo. El doctor le explicó al tipo, que para esa fecha ya aspiraba como el fuelle rajado de un armonio viejo, que la actualidad se está convirtiendo en una sustancia más irrespirable que el humo de una moto. Los últimos estudios indican que respirar dos telediarios en los que se salgan varios fachas de nueva hornada, tres dictadores, o el presidente dela CEOE producen el mismo efecto que fumarse dos paquetes de tabaco sin filtro. Asistir como espectador a una rueda de prensa de esas que ahora son sin preguntas, o escuchar las resoluciones del Consejo de Ministros tiene la misma repercusión sobre el CO2 ambiental que todo el efecto invernadero que se crea en la M30 de Madrid en hora punta.

El tipo enfermo, ya con los labios azulados por una deficiente oxigenación, sacó un hilo de voz para pedir un remedio, un antídoto. El médico fue a la estantería de su consulta y cogió dos diccionarios. “Lea palabras hermosas tres veces al día”, recomendó con aplomo mientras garabateaba un par de recetas. Dijo que se trataba de una terapia experimental pero que da resultados. El tipo compró un colirio en la farmacia y el Maria Moliner en la librería de al lado. Se sentó en un banco y leyó al azar: “salitre”, “remedo”, “campa”, “nimbo”, “hayedo”, “solapa”, “meandro”, “zoquete”, “vis”, “querencia” “almazara”, “vereda”, “majadero” …

Desde entonces está mucho mejor.

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