Acorralados

Creo que ayer hubo un debate muy importante en la televisión. Lo que pasa es que no sé si fue el debate de ‘Acorralados’, el de ‘Sálvame’ o el de alguna otra telebasura de la misma alcurnia que las anteriores. Todos los días hay tantos debates, que uno se pierde. Javier Marías escribía hace poco que el abuso desmadrado de las palabras hace que pierdan sentido. Esta sociedad mediática en la vivimos obliga a enfatizar mucho todo lo que se dice para poder llamar la atención entre tanto ruido, por eso los insultos de antes ya no valen. Decirle a un tipo que es un majadero, un memo o un botarate es perder el tiempo, es como no decir nada; lo más suave es empezar por llamar al otro «hijo de la gran puta» y, de ahí, para arriba.
Esta es la razón por la que me he perdido y ya no sé qué valor tiene la palabra «debate» cuando se usa por igual para hablar del futuro del Parlamento de España y para conocer las hazañas rurales de un ex atracador de bancos estrábico, un ex guardia civil chulín, una nieta bastarda de Alfonso XIII a la que parece faltar un hervor, una señora desequilibrada que grita con afanes teatrales y otros esperpentos que conviven dentro de una gochera rural asturiana con vistas a una parva de cucho. Debatir, lo que se dice debatir, aquí hace mucho tiempo que no se debate sobre nada, excepto sobre las vísceras, siliconas y pleitos de tipo venéreo que salen a relucir en las ‘tertulias’ de ‘Gran Hermano’ y ‘Sálvame de luxe’. El resto de las conversaciones que se dan en llamar debates son monólogos con eco o chismologías de peluquería de señoras.
El debate de ayer entre Mariano y Alfredo podría haberse llamado ‘Vótame deluxe’ para conseguir provocar un poco más de interés que el que provocó. Los debates en los que no se debate nada no tienen gracia. Debatir es, según la Real Academia, «altercar, contender, discutir, disputar sobre algo». Este «sobre algo» es la clave, ya que no hay nada que debatir cuando las dos partes, PP y PSOE, están tácitamente de acuerdo en su incapacidad para solucionar ninguno de los problemas de España. Lo único que se discute es cuál de los dos concursantes va a tener que cambiar de sitio la caca acumulada en el patio. El de ayer fue un debate entre dos seres políticos que están tan acorralados como los ‘frikis’ de ‘Acorralados’. Y nosotros, de público.
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