Así vamos

Lo peor de que se mueran los sabios es que, además de perderlos, en el mundo queda más sitio libre para los gilipollas. A menos sabios, más gilipollas. Es una ley demográfica no escrita, pero real. Pura ocupación del espacio, como el principio de Arquímedes de la incompetencia.  A menos tipos con talento, más voceras y más horteras de bolera que piden pista para aterrizar en los huecos de nuestra desolación ciudadana. Es ley de vida y de la física: cuando un espacio social queda libre, otro cuerpo lo ocupa, aunque sea un cuerpo poco glorioso. La botella sólo puede estar medio llena o medio vacía, pero en cualquiera de los dos casos, el hueco que no contiene vino contiene aire.

En política ha ocurrido lo mismo. La muerte de las ideas, de las ilusiones y de la confianza ha dejado el patio amueblado para el advenimiento de gilipollas de toda especie que vienen a rebañar lo poco que queda en el fondo del barril. Lo peor de que se hayan muerto sabios anónimos o conocidos, políticos de talla verdadera, activistas, pensadores, gentes de bien que han sido arrolladas por la fanfarria hortera de nudo de corbata gordo,  es que ese hueco será llenado de nuevo por la vacuidad insoportable de mitineros que hablan para los ovejas, de banqueros que lo llevan crudo o de los habituales coros de la ultraderecha crecida que ya huele pelo de poder y babea de placer.

La socialdemocracia ha dejado morir muchas ilusiones sabias, muchas esperanzas fundadas en el cambio de modelo social, en la necesidad de justicia, de equilibrio, de humanismo. Quienes sabiamente lucharon por eso se han muerto de verdad o, sencillamente, se han muerto de asco y prefieren guardar silencio y dedicarse a sus asuntos privados.  La socialdemocracia ha ido dejando huecos de saber político y social en manos de muertos. Algunos eran unos muertos de hambre que se dedicaron a robar porque nunca lo vieron tan gordo. Otros eran muertos en vida que necesitaban tomar una biodramina cada vez que pensaban más de diez minutos seguidos. Esos y otros han dejado el hueco libre y aún no se han dado cuenta.

Las encuestas dan mayoría absoluta al PP y la calle da mayoría absoluta a la indignación.  Así vamos llenando huecos.

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