Despojos

España huele a muerto y Rajoy a presidente. Será casualidad, pero ambos tufos se mezclan en las tertulias de enterados de la radio, en las encuestas del CIS y en el ánimo de los taxistas, las señoras de su casa, los oficinistas o los obispos. Los cuerpos sociales y económicos en descomposición atraen cada cuatro años depredadores de todo tipo cuando la campana electoral toca a disputarse rancho de despojos. Por el horizonte van llegando algunas hienas con sonrisa de dientes de oro y discurso de predicador salvavidas o salvapatrias. Planean a media altura buitres del mercado financiero y laboral de segunda mano con la picadora de carne humana en posición de automático. Husmean el corral viejos zorros que ya cazaban gallinas en mayo del 68 y ahora visten abrigos de piel de cordero para abrigarse de la recesión y hacerse perdonar su reciente pasado y todos los demás.

Algunas otras alimañas, las de medio pelo, estiran el cuello desde lejos para ver el hueco disponible en la zona del banquete y echan cuentas sobre el coste del kilo de votos. España huele a muerto, como media Europa, y aprovechando este hedor a euros podridos, hipotecas envenenadas y bolsas llenas de bonos basura, comienzan a acecharnos manadas de candidatos que buscan alimentarse con las hebras carnosas de esperanza y credulidad que aún permanezcan pegadas a nuestros huesos pelados de ciudadanos, esquilmados por sucesivas crisis, las que han tumbado la economía y las que han devaluado la credibilidad de todo un sistema político y social. A medida que el 20-N se acerque, las manadas de candidatos nos irán rodeando como se azuza a un rebaño tan cansado y asustado como indignado. Nos rodearán con modales perfumados, fanfarrias metalizadas y lanzamiento de buenas palabras pulverizadas en confeti para ocultar el colmillo retorcido con que nos volverán a morder el calcañar, el colmillo que tantos meses llevan afilando.

Lo depredadores querrán ablandar nuestra desconfianza de reses asustadas con cebos tan falsos e imposibles como apetecibles. Finalmente, el rebaño seguirá el camino previsto y Rajoy morderá lo bastante como para ser presidente de un país con olor a muerto. Lo peor de los deseos es que, a veces, se cumplen. Feliz despojo, candidato.

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