A freir churros

Ayer entré sin querer en una página de web de esquelas on-line y estaba bloqueada a causa de un “intenso tráfico de pésames”, según me explicaron. Imaginé los pésames en fila india esperando su turno como si fueran coches en una rotonda. Las condolencias eran como funerarias en miniatura, de negro muy brillante y conducidas por tipos con ojeras y gorra de plato que, pese a lo amargo y serio de su tarea, blasfemaban asomados por la ventanilla y pidiendo paso. Se  notaba que todos los pésames eran de segunda mano y que los conductores ya no cuidaban de ninguna manera la solemnidad de su trabajo.

Que una web de esquelas está plagada de pésames en lista de espera un lunes por la mañana da mucho que pensar. Es más, llegué a temer que la que se estuviera publicando fuera mi propia esquela mortuoria on-line, ya que morirse en Internet debe ser una cosa muy rara. Lo mismo la Red es una variante de ángel caído que ayuda a la Parca a pescar seres vivos antes de que ellos mismos se enteren. O sea que, como última tortura, uno puede estar muerto en Internet y, sin embargo, guardar el mínimo resto vida de reserva para ver su propia esquela en el ordenador antes de perder para siempre la conexión con el servidor. Servidor de usted.  

El caso es que yo no era el muerto por esta vez y me puse a pensar que, por lo tanto, lo que soy es un superviviente. Haber llegado al lunes una semana más nos convierte en unos supervivientes, atascos de pésames aparte. Y no es poco. Haber vadeado otros siete días llenos de augurios podridos, de amenazas de economistas con pajarita, de consignas políticas apolilladas, de candidatos de encefalograma plano,  de charcas llenas de batracios y reptiles de “Sálvame”, nos convierte en unos candidatos a cadáveres que tienen cada vez menos margen para la fuga. Llegar al lunes, a otro lunes de septiembre, sin haber provocado un atasco de pésames en la web de las esquelas del día, es el principal motivo para estar contento. Bien es verdad que esta alegría dura poco, porque la web de las esquelas es como el escaparate de una churrería: el género siempre está fresco, se repone recién salido de la sartén y no hay tiempo para que la churrera deje de funcionar. Cualquier lunes de estos pasamos de ser vivos que envían pésames a convertirnos en muertos del día, muy frescos, porque nos hemos ido a freír churros.

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