La cuarta “c”

Marcelo García, socialista de casta desde los tiempos de Llopis y Suresnes, militante de pura raza que dio cobijo clandestino en su casa de Gijón a Felipe González antes de que fuese proclamado dios, explicó muchas veces que el gran fracaso de la socialdemocracia fue culpa de las “tres ces”. Marcelo sostuvo y sostiene que el PSOE empezó a irse a la mierda cuando los altos cargos socialistas comenzaron a cambiar de “casa, de coche y de compañera”. Para un socialista de estricta observancia como Marcelo, testigo de todas las tormentas y todas las bonanzas del puño y la rosa, los pecados de la carne y la cartera acabaron con la virginidad política de aquellos barbudos miopes y encantadores con traje de pana, que citaban a Machado de memoria y veían películas de Bergman y Einsentein. Cierto es que las veleidades relacionadas con la bragueta y la corrupción fueron luego practicadas con la misma aplicación por gentes de derecha rancia y misa diaria, muy estrictos con la moral ajena y laxos con la propia. También la derecha cambió de casa de coche y de compañera, aunque a algunos nos escandalizó menos porque ya sabíamos que tenían cuarenta años de experiencia previa en todas las versiones de estraperlo.

Los socialistas desfondaron y espantaron a su electorado y fueron perdiendo pie a base de cambiar de chaqueta ideológica, a la novia de siempre por la secretaria siliconada y el Seat Panda por el Audi familiar. Fueron capaces de jubilar casa, coche y compañera, pero de lo que no son capaces de cambiar es de candidatos. La cuarta ce de sus pecados es estática, fija de plantilla, inmutable. Las listas del 20-N en Asturias son más de lo de siempre y de los de siempre. La FSA no ha tenido ni la audacia de colocar a Tini Areces de número uno al Congreso, que es la lista con tirón. Antonio Trevín, excelente persona que perdió las elecciones contra Sergio Marqués en 1995, le quita el sitio a quien las ha ganado todas desde hace 24 años. En fin. El resto de alineación socialista es de relleno o para completar la cotización antes de jubilarse. La cuarta “c” le dará otro disgusto, aunque igual les da lo mismo.

Despojos

España huele a muerto y Rajoy a presidente. Será casualidad, pero ambos tufos se mezclan en las tertulias de enterados de la radio, en las encuestas del CIS y en el ánimo de los taxistas, las señoras de su casa, los oficinistas o los obispos. Los cuerpos sociales y económicos en descomposición atraen cada cuatro años depredadores de todo tipo cuando la campana electoral toca a disputarse rancho de despojos. Por el horizonte van llegando algunas hienas con sonrisa de dientes de oro y discurso de predicador salvavidas o salvapatrias. Planean a media altura buitres del mercado financiero y laboral de segunda mano con la picadora de carne humana en posición de automático. Husmean el corral viejos zorros que ya cazaban gallinas en mayo del 68 y ahora visten abrigos de piel de cordero para abrigarse de la recesión y hacerse perdonar su reciente pasado y todos los demás.

Algunas otras alimañas, las de medio pelo, estiran el cuello desde lejos para ver el hueco disponible en la zona del banquete y echan cuentas sobre el coste del kilo de votos. España huele a muerto, como media Europa, y aprovechando este hedor a euros podridos, hipotecas envenenadas y bolsas llenas de bonos basura, comienzan a acecharnos manadas de candidatos que buscan alimentarse con las hebras carnosas de esperanza y credulidad que aún permanezcan pegadas a nuestros huesos pelados de ciudadanos, esquilmados por sucesivas crisis, las que han tumbado la economía y las que han devaluado la credibilidad de todo un sistema político y social. A medida que el 20-N se acerque, las manadas de candidatos nos irán rodeando como se azuza a un rebaño tan cansado y asustado como indignado. Nos rodearán con modales perfumados, fanfarrias metalizadas y lanzamiento de buenas palabras pulverizadas en confeti para ocultar el colmillo retorcido con que nos volverán a morder el calcañar, el colmillo que tantos meses llevan afilando.

Lo depredadores querrán ablandar nuestra desconfianza de reses asustadas con cebos tan falsos e imposibles como apetecibles. Finalmente, el rebaño seguirá el camino previsto y Rajoy morderá lo bastante como para ser presidente de un país con olor a muerto. Lo peor de los deseos es que, a veces, se cumplen. Feliz despojo, candidato.

Censura

La torpe amenaza de censura previa en los telediarios de la televisión pública ha muerto tras desatar tremendas iras en la profesión periodística. Al coro de indignados se han sumado las augustas asociaciones de la prensa, pomposos editores y directores de medios privados y toda la panda habitual de oportunistas que, con tal de ir de estupendos, se apuntan a lo que sea. No digamos nada de la clase política y sindical que, salvo escasas y honrosas excepciones, tiene una acendrada afición al tijeretazo. Les gusta censurar antes, durante y después. No hace falta que pongamos ejemplos que ya están en la mente de todos. Desde Fraga a Zapatero, cualquier repúblico con un cierto bronceado democrático lleva un censor en el bolsillo y da clases de periodismo al reportero más bragado. Antes de Fraga no se molestaban en disimular. Ahora, cada vez menos.

Lo que me ha llamado la atención del coro de escandalizados es que en él se hayan alzado como primeros tenores los empresarios y directivos de medios privados. Oyéndoles quejarse con amargura del tijeretazo que se trataba de meter en RTVE, uno ha estado a punto de olvidar los muchos atropellos diarios que han de sufrir los profesionales que trabajan en esos medios. La escandalosa precariedad laboral de muchos periodistas, la racanería salarial que padece la mayoría, los recortes constantes en el tamaño de las redacciones, los horarios de trabajo propios de una sociedad pre-industrial, la ausencia de reciclaje profesional adecuado o la globalización de los grupos editoriales, han hecho del oficio de periodista una jungla intransitable. Cualquiera que pretenda permanecer en ella y vivir de este trabajo sabe que se mueve en un campo de minas en el que se aplica la autocensura de forma permanente con el regocijo y la anuencia de los empresarios de la comunicación que tanto se rasgan las vestiduras con lo que pasa en RTVE.

Escandalizarse de la censura ajena y no ser capaces de ver la propia es una prueba más de la mediocridad que se está imponiendo en ese oficio y no precisamente por culpa de los periodistas de a pie. Medios de comunicación clónicos y sin personalidad propia, faltos de recursos, dirigidos a veces por burócratas de la redacción desconocidos en la calle, medios muertos de miedo ante las restricciones publicitarias de los clientes y de los gobiernos dan como producto final un estado de censura interna y externa que empobrece la información y es una falta de respeto a los ciudadanos que aún leen, ven o escuchan noticias. Asistir a ruedas de prensa en las que no se admiten preguntas, respaldar editorialmente opciones políticas de manera desequilibrada e interesada, o contar sólo ciertas partes de la verdad son formas de censura tan cutre como la que pretendía el consejo de RTVE. La censura es un estado mental y económico que, por desgracia, tiene abundantes ejecutores y larga vida por delante.

Octavillas

Mi buen amigo el senador Oblanca ha calificado de “acción informativa” el reparto de pasquines en los que Foro Asturias arremete contra el PP y su líder (o lideresa, que suena a una marca de mayonesa) Pilar Pardo. Es curioso que Foro haya suprimidola Gacetamunicipal por considerarla tendenciosa y poco interesante pero considere que repartir octavillas es una  “acción informativa”. Y es más llamativo aún que los concejales de Foro limiten o quieran limitar  las preguntas que los periodistas pueden hacer en las ruedas de prensa, pero llamen “información” a estas hojas volanderas y más bien faltonas. Ambos asuntos  definen el concepto de la información que se maneja en este partido que lo mismo acaba convocando ruedas de prensa para repartir octavillas. Voy a tener que replantearme todas las bases del periodismo que me enseñaron mis maestros cuando me decían que debía separarse la información de la opinión y los anuncios de las noticias. Foro aceptó de muy buen grado las cinco cucharadas de lideresa Pardo como  condimento imprescindible para poder gobernar en Gijón. Parece que ahora la salsa se está poniendo agria y los chicos de FAC quieren cambiar de menú a base de pasquinazos.

Mala cosa es hacer política de esta manera cuando sólo se llevan tres meses de mando en plaza. El PP de antaño intentó lo mismo con un panfleto llamado la “Gaviota Audaz” (los señores Cascos y Oblanca eran entonces destacados miembros del nido de la gaviota) sin conseguir gran cosa. Hay costumbres que no se olvidan, al parecer.

Todo esto pasa el mismo día que un ex concejal del PSOE es juzgado por la acusación de agredir a su ex pareja. El concejal y su ex lanzan octavillas verbales en el juzgado. Cada uno vendiendo lo suyo. Yo presencié a media distancia ambas bodas: la del exconcejal,  y la de Foro y el PP. El primer matrimonio parecía ser por amor. El otro sonaba a casorio de conveniencia, ambos se celebraron tras sonoros desencuentros previos, ambos acabaron mal. Ahora, ex cónyuges y ex compañeros de partido, despechados por razones varias y con ganas de bronca, tratan de mezclar la opinión con la información para ganarse a cualquier precio el favor de los desprevenidos ciudadanos. Los diamantes que se regalan en las bodas son para siempre. Los políticos, esas joyas, pueden cambiarse cada cuatro años. Por suerte.

Mordaza

Se levantó a mear de madrugada y al pasar ante el espejo notó algo raro. Miró con detalle y observó que le faltaba media oreja. Echó mano a lo que quedaba de su apéndice, pero el resto de su pabellón auditivo se evaporó con una textura parecida al polvo que cubre las alas de las mariposas. Volvió a la cama sudando y, al girar la cabeza sobre la almohada, sintió como se volatilizaba su segunda oreja, sobre la que acaba de apoyarse. Se hizo en su cabeza un silencio tan profundo que quedó dormido de inmediato pensando que todo era una pesadilla. Pero no. A la mañana siguiente despertó sin orejas.

Llegó tarde a la oficina (no había oído el despertador) y lo hizo provisto de unos auriculares de astronauta con los que cubría el solar de sus apéndices desaparecidos. A nadie le pareció extraño, casi todos los llevaban. En la reunión de la mañana se las apañó para sentarse de perfil, fingir que tomaba notas con una mano y apoyar toda la cara en la otra, tapando con ella el hueco donde estuvo su oreja hasta el día anterior. Aquella postura le hacía parecer muy interesado en un montón de sandeces que no tuvo que oír. Mientras su jefe hablaba de ciertos balances él pensó dejarse unas patillas de bucanero melenudo para cubrir con ellas sus extintas orejas. Volvió a casa en coche sin escuchar las noticias de día, una retahíla de discursos políticos propios de tarados en los que se explicaban las bondades de la denominada ley mordaza, muy apropiada para sociedades de ciudadanos condenados a ser sordos y estar callados. Tampoco oyó la bronca de sus vecinos de arriba mientras veía en la tele una película sueca subtitulada. Durmió como un bebé, ajeno al petardeo de las motos y las sirenas de las ambulancias, se saltó feliz todas las tertulias radiofónicas de la mañana y tiró el teléfono móvil a la papelera.

Tres noches después, al levantarse a mear, vio en el espejo que su boca había desaparecido, como si alguien hubiera pasado por su cara una goma de borrar. Sonrió para dentro y volvió a la cama. Al día siguiente se hizo tatuar en el espacio que ocuparon sus viejos labios una boca ficticia pero muy lograda que, entre otras ventajas, le permitía afeitarse en menos pasadas. La boca falsa lucía una sonrisa sutil, acogedora y permanente que atrajo de inmediato a todas sus compañeras de oficina.

Desde entonces su jefe lo tiene por el empleado modelo, sus compañeros ponderan su sensatez y capacidad de escuchar, sus compañeras admiran su silencio varonil, todo el mundo lo tiene por un sabio, sensato, callado y meditativo. Él es, por fin, un ciudadano sordo y callado, muy en la línea de lo políticamente correcto.

La teta y la EGB

El resumen de esta semana no deja lugar a dudas sobre lo poco que ha evolucionado la humanidad desde que dejamos de despiojarnos mutuamente para aprender a usar el cepillo de dientes. A saber: siguen tirando más las tetas que las carretas (véase el asunto Scarlett Johansson y lo que no es el asunto). Tal es así, que la política municipal gijonesa se lleva rigiendo por cuestiones mamarias desde hace dos meses. La política sigue siendo hormonal por mucha democracia que nos adorne. Ya sea por testículos o por mamas, siempre hay alguna glándula corporal que nubla el buen criterio de los políticos. Aquí siempre se ha gobernado a golpe de bragueta, de riñón o a pecho descubierto, pero mal. Lo de siempre. Luego llaman pornografía a enseñar partes del cuerpo. A mí me escandaliza más cuando quienes mandan se ponen a enseñar partes de su ideología.

 Esta semana hemos confirmado otra obviedad: en España los ricos son pocos y, además, son los de siempre. Los pobres somos muchos y también los de siempre. Era de esperar. En el PSOE los candidatos son también los de siempre, ya nos lo han dicho, y muchos de ellos declaran patrimonio de ricos. Mi perro cree posible que esa reiteración de caras conocidas en altos cargos explique que un grupo numeroso de estos repetidos políticos se encuentre también entre los españoles más pudientes. Qué coincidencias, dice el perro. El vulgo llama a esta afición por los despachos “chupar de la teta”, con perdón. Entre la teta de Scarlett y la de un escaño casi vitalicio con sus prebendas, dietas y canonjías, hay gente que no tiene la menor duda de cuál prefiere acariciar.

Santiago Segura se hace una foto con Rajoy y el hijo de Julio Iglesias. España será pronto de Torrente, Amador Mohedano y su mujer. Y Rajoy encantado, pasándolo teta, vamos. Así las cosas y en medio de tanta Babilonia, no es de extrañar que un amigo (que se manifiesta muy noble como caballo, pero advierte que como persona deja mucho que desear), no es de extrañar, digo, que este amigo se pregunte una y otra vez “y ¿para esto hicimos la EGB?”

Qué semana, Dios.

La boda

Antes los hombres contaban su mili y ahora las mujeres y sus maridos cuentan su boda. O tempora, o mores!, que dejó dicho el sabio Cicerón, perplejo porque las ciencias adelantan que es una barbaridad y porque, en definitiva, esto ya no es lo que era . La desaparición del servicio militar ha hecho un flaco favor a las conversaciones de café. Ya nadie habla de aquél sargento del Ferral que daba unas certeras patadas en los cojones y programaba unas sádicas novatadas contra la tropa de reemplazo.

Ya nadie cuenta su mili, pero todo dios cuenta su boda. Ya nadie relata heroicidades de barracón, noches sin pase pernocta, las erecciones de aquel cabo oriundo de Benavente que patrocinaba la berrea del cuartel, las mantas que olían a choto, o las machadas de un capitán de dedos amarillos por la nicotina que, en el fondo, no era mal tipo. La mili no es tema de conversación porque ya no hay mili. El escritor Antonio Muñoz Molina fue el último que se tomó la molestia de poner por orden y negro sobre blanco sus recuerdos de la milicia forzosa. A partir de ahí, se acabó. Ya hay una generación, o varias, para quienes la mili es una prima lejana que se llama Emilia.

Lo que se cuenta ahora en las tertulias es si el catering estaba en su punto, en qué sitio se alquiló la limusina o el precio del traje de novia de Rosa Clará o Josechu Santana. El relato de las noches de guardia en la garita ha sido sustituido por el de una espera de tres horas en el aeropuerto de Londres antes de volar a Dubai. Ya no se cuentan anécdotas del aquel cabo primero que era de Ujo; ahora se explican los modales del maître . Antes se le suponía a uno el valor si aguantaba una mili. Ahora hay que aguantar una boda y sobrevivir a ella. Y a sus relatos posteriores.

The end

Me han sugerido en Facebook que me haga fan de una página en la que se sugiere que fin del mundo llegue lo antes posible, que llegue ya. Me he apuntado, más que nada porque cada mañana suelo centrar mi primer pensamiento en la necesidad de que llegue al menos el fin de semana. Lo del fin del mundo sería genial. Rajoy, Aznar, Cospedal,la British Petroleum, los obispos pederastas, los israelitas cabreados,  los talibanes de pata negra y Pepiño están anunciando a gritos que al mundo le quedan dos telediarios. No hay quien aguante tanta mediocridad junta, tanto desastre institucional provocado y tanto mangante con galones. No hay quien no desee que el mundo se acabe con tal de dejar de oír que todo está prohibido,  que no se puede fumar pero se puede especular, que no se puede trabajar pero se puede mentir, que nada tiene arreglo y que los mercados son los que mandan. Antes los mercados eran sitios donde vendían lechuga; ahora son unos entes misteriosos que nos joden la vida a todos y todo el tiempo. Cuando uno no entiende un libro o una película deja de leer o se va del cine. Con el mundo empieza a pasar lo mismo. Yo ya no lo entiendo.

El mundo tiene que acabarse ya, hoy mejor que mañana, porque ya no pasa la ITV, nos lo hemos cargado con mucho cariño. El mundo es como tener un Rolex o un Omega y dedicarse a partir nueces con él. No sabemos darle cuerda, ni sacarle brillo como es debido. Lo hemos puesto en manos de unos locos sin carné que se han vuelto más locos todavía al verse montados en la cima de todas las cosas. Uno no puede resistirse a la evidencia. Hay que tirar de la cadena y dejar que todo se vaya por el desagüe. Que venga Dios o quien sea y lo vea. Sólo me entra la duda de si habrá que seguir pagando la hipoteca si no hay mundo. Igual Botín tiene también comprado el Más Allá.

Que se operen

Tiene que estar encantada la doctora Moriyón. Encantada de que, con la que se nos viene encima, las pijadas en sesión continua sean el plato fuerte de agenda política diaria en Gijón mientras nadie le mete el diente a lo importante. Encantada de conseguir que la dosis de anestesia que emplea en los quirófanos durante sus raptos de caridad sirva, de paso, para tener a la oposición municipal en estado de hibernación o representando la versión surrealista de los tres tenores (con perdón de la doctora Pardo). La oposición se había pertrechado para practicar la cirugía en directo desde  el salón municipal de plenos, pero la alcaldesa se salió por los cerros televisivos donde sabe que ella es la que maneja el instrumental clínico, pincha, corta y sutura.

Carmen Moriyón ha descubierto (¿o ya lo traía sabido de casa so capa de conventual humildad?) que gobernar requiere chulería para zafarse de asuntos molestos, que no hay mejor desprecio que no hacer aprecio y que, cuando se está en minoría aplastante, el debate más interesante es el que no se celebra. Como, por ejemplo, el del viernes. Por su parte, la oposición se muestra como un mecano con demasiadas piezas, mal ensamblado y sin engrasar, como un robot torpe que se pega cates con los quicios de todas las puertas y no va a ser capaz de poner rumbo a ninguna parte. Este Frankenstein político  con cuerpo del PSOE, cabeza de PP y manos de IU (no buscar paralelismos anatómicos) va a tener que hacer muchas horas de chapa y pintura y terapia de grupo antes de poder funcionar como una oposición de verdad. Si es que alguna vez lo hace.

La alcaldesa por casualidad y cirujana a tiempo parcial ha dado por terminados los cien días de cortesía política y, como diría un castizo, le ha espetado al resto de los concejales un tajante “que se operen”.

A freir churros

Ayer entré sin querer en una página de web de esquelas on-line y estaba bloqueada a causa de un “intenso tráfico de pésames”, según me explicaron. Imaginé los pésames en fila india esperando su turno como si fueran coches en una rotonda. Las condolencias eran como funerarias en miniatura, de negro muy brillante y conducidas por tipos con ojeras y gorra de plato que, pese a lo amargo y serio de su tarea, blasfemaban asomados por la ventanilla y pidiendo paso. Se  notaba que todos los pésames eran de segunda mano y que los conductores ya no cuidaban de ninguna manera la solemnidad de su trabajo.

Que una web de esquelas está plagada de pésames en lista de espera un lunes por la mañana da mucho que pensar. Es más, llegué a temer que la que se estuviera publicando fuera mi propia esquela mortuoria on-line, ya que morirse en Internet debe ser una cosa muy rara. Lo mismo la Red es una variante de ángel caído que ayuda a la Parca a pescar seres vivos antes de que ellos mismos se enteren. O sea que, como última tortura, uno puede estar muerto en Internet y, sin embargo, guardar el mínimo resto vida de reserva para ver su propia esquela en el ordenador antes de perder para siempre la conexión con el servidor. Servidor de usted.  

El caso es que yo no era el muerto por esta vez y me puse a pensar que, por lo tanto, lo que soy es un superviviente. Haber llegado al lunes una semana más nos convierte en unos supervivientes, atascos de pésames aparte. Y no es poco. Haber vadeado otros siete días llenos de augurios podridos, de amenazas de economistas con pajarita, de consignas políticas apolilladas, de candidatos de encefalograma plano,  de charcas llenas de batracios y reptiles de “Sálvame”, nos convierte en unos candidatos a cadáveres que tienen cada vez menos margen para la fuga. Llegar al lunes, a otro lunes de septiembre, sin haber provocado un atasco de pésames en la web de las esquelas del día, es el principal motivo para estar contento. Bien es verdad que esta alegría dura poco, porque la web de las esquelas es como el escaparate de una churrería: el género siempre está fresco, se repone recién salido de la sartén y no hay tiempo para que la churrera deje de funcionar. Cualquier lunes de estos pasamos de ser vivos que envían pésames a convertirnos en muertos del día, muy frescos, porque nos hemos ido a freír churros.