Consejo de perro

He aprovechado las vacaciones de verano para hacerme con los servicios de un perro que co-escribirá algunas de mis columnas semanales. Hemos negociado que él me servirá de interlocutor y corrector de pruebas, además de inspirador, a cambio de darle yo alojamiento y comida. Da gusto negociar con un perro porque, al contrario que los humanos, se rige por las necesidades sencillas de la vida, sin fingimientos, metiendo las narices sólo dónde le interesa y expresando afectos básicos: amor o indiferencia. Todas estas aportaciones caninas son la base para elaborar la mejor filosofía y la más elaborada literatura. Las grandes obras maestras de las letras universales se han confeccionado a partir de sentimientos elementales: pasión o indiferencia, que es la versión más elaborada del odio. El perro me proporcionará el silencio moderado necesario para ordenar ideas, los paseos justos para desarrollarlas en su compañía y la sensatez necesaria para estirar las piernas y las neuronas antes de ponerme al teclado. Sus  consejos revitalizarán mi agostada pluma, mellada de dar mandobles contra gigantes y aburridas imposturas, y molinos de chatarra ideológica. Si no soy capaz de escribir para alguien tan sencillo como mi perro, es que estoy acabado.

Después de varios meses sin asesor editorial tras la muerte de “Tore”, el viejo sabueso que me proporcionó durante años modestos pero enjundiosos éxitos literarios en estas páginas, me había hecho el propósito de no volver a encariñarme con ningún chucho presocrático que me sirviera de crítico literario. Fue imposible. Tras varios meses de trabajar por libre, vuelvo a necesitar a alguien con olfato, prudencia y equilibrio para poder navegar con elegancia de animal doméstico en medio de tanta basura política, de tanto griterío presuntamente informativo, de tanto profeta de los males ajenos, de tanto cretino que ha confundido el éxito con el talento y el poder con el gobierno.

Mi perro me trajo ayer en la boca unas bellotas de roble que ya empiezan a caer a la cuneta en la senda del Piles, entre las primeras hojas otoñales. Las guardé en el bolsillo. Creo que voy a plantarlas como quien planta la esperanza en que mañana pase algo menor. Buen consejo de perro.

Historia

Hace no mucho tiempo, la política en general estaba dirigida en España por profesionales para quienes el cargo público era un adorno, un trofeo de caza mayor o menor que lustraba los blasones familiares y engordaba las cuentas corrientes por activa o por pasiva. Estas personas, bien situadas, de buena familia, con carrera y tal, dedicaban media jornada a sus tareas públicas y otra media a las privadas sin que muchas veces quedara claro donde empezaba una y terminaba la otra. Y sin despeinarse. Tal reparto de su tiempo era encomiable, demostraba una capacidad sobrehumana para trabajar más que nadie, estar en todas partes al mismo tiempo y salvar a la humanidad en todas sus dimensiones: la pública y la privada. Los cargos públicos que entonces gobernaban este país de vida y costumbres  color ala de mosca, presumían sin presumir de su polivalencia, de ser seres sencillos pero forjados de una pieza, capaces de apartarse a medias de una lucrativa profesión para servir a sus semejantes en la dura tarea de la gestión pública, capacitados para hacer política y caridad a la vez, de dar limosna e inaugurar un pantano en una sola jornada, de dejar siempre encendida una lucecita en su ventana para guiar a los extraviados. Un ejemplo para todos.

Un coro general de almas cándidas admiraba a aquellos próceres, ejemplos vivientes de actitud desprendida, modelos a seguir. Gobernadores civiles, alcaldes, diputados por el tercio familiar, cortaban el bacalao a dos manos siguiendo el cristiano decreto de evitar que su mano derecha supiera lo que hacía su mano izquierda. Aquellos políticos fundaron dinastías de gobernantes que aún llegan hasta hoy, con la trayectoria blanqueada por la reválida de la transición y tres décadas de democracia aprobadas con sobresaliente.

Menos mal que aquellos tiempos han pasado y hoy ya no se hacen estas cosas. Es una suerte.

Alcaldesa operativa

La alcaldesa Moriyón está operativa. Opera en horas libres y dona lo que gana a los pobres. Enternecedor. No sé como la alcaldesa de una ciudad con los problemas de Gijón puede tener tiempo libre. Los alcaldes prometen exclusiva dedicación al gobierno, cobran por ello, y, es más, he oído decir a algunos de ellos y de ellas que nunca hay tiempo suficiente para hacerse cargo de lo que hay que hacer. Si la alcaldesa quiere dar lecciones de moralidad y civismo tiene en la Alcaldía de Gijón un altavoz estupendo: haga su trabajo a tiempo completo. Si lo que quiere es demostrar que su capacidad de trabajo es ilimitada, demuéstrelo dedicando todas las horas del día a la tarea para la que ha sido elegida: también las horas de “tiempo libre”.

 Una alcaldesa en minoría que gobierna una ciudad en crisis, con serios problemas económicos (FAC no deja de decirlo cada vez que tiene ocasión), no puede tener horas sobrantes en su agenda. Si quiere manejar tripas y colocarlas en el sitio adecuado, hágalo con las tripas de esta ciudad a la que, al parecer, usted vino a servir con todo su tiempo y energías. Si quiere decirnos a todos que usted es otra clase de persona y de política, que los anteriores eran unos mataos, hágalo en la Alcaldía.

La única cirugía que se le permite en los próximos años es la que extirpe los males de Gijón. Hágase a la idea y céntrese en su trabajo, doctora. Si no es así, si le gusta más el quirófano que la política, vuelva a la medicina. Lo demás son brindis al sol para asombrar a algunas almas cándidas, ingenuidades derivadas de la inexperiencia, o la manifestación de un concepto del cargo público que desprende un extraño tufo a como se hacía la política en otros tiempos, cuando los alcaldes “pasaban por el despacho” a firmar.

 Supongamos que la anterior alcaldesa, abogada de profesión, hubiera dedicado su “tiempo libre” a llevar causas en los tribunales (sin cobrar, claro) o a defender en el turno de oficio a ciudadanos sin recursos. Hubiera sido surrealista. Supongamos que el senador Martínez Oblanca, rotundo defensor  de la alcaldesa con doble dedicación, siguiera prestando servicios en el hospital de Cruz Roja entre viaje y viaje a Madrid. No veo a don Isidro en ese papel.

 Alguien me dijo hace meses que sería una pena perder una buena cirujana para obtener a cambio una mediocre alcaldesa. Vale.

Dios me perdone (1)

Foto: EL PAIS

 

Que Dios me perdone (si le apetece), pero la sonrisa de monseñor Rouco en la recepción a nuestro pastor alemán de almas me impulsa más al miedo que a la confianza. La hilera de dientes que enseña el cardenal enmarcada en su rígido gesto facial, poco acostumbrado a la sonrisa, se asemeja a la de una hiena a punto de iniciar un festín en medio de la sabana. Su Santidad, ataviado con un sombrero de ir a la hierba, o de ir de cacería, es el macho alfa de la manada de teólogos y moralistas que se lanzará a dentelladas contra los de siempre: abortistas, eutanasistas (no creo que exista esta palabra), hedonistas, onanistas, divorcistas, relativistas y hasta taxistas si llega el caso. Por cierto que los taxistas de Madrid estarán contentos con media ciudad cortada por la gracia de Dios. Menuda gracia.

La sonrisa de Rouco es un rictus que define en un golpe de vista el presente de una Iglesia más preocupada por los problemas de quienes aún no son, porque no han nacido, o de quienes van a dejar de ser en breve porque el Señor se los lleva a su seno. Las razones y las preocupaciones de los que están justo en medio de esos dos puntos de la existencia parecen ser secundarias para estos personajes mitrados que, al parecer, despachan con Dios a diario. La sonrisa de Rouco es más de amenaza que de alegría, una desgracia para creyentes sinceros, que los hay, y una razón más para quela Iglesiacatólica se esté convirtiendo por voluntad propia en una pieza de arqueología ideológica que se arriesga a la eutanasia.

PD. La foto es de EL PAIS.

Arrimarse

Semana de ases del toreo la que pasó. José Tomás, en el ruedo del Bibio, Esperanza Aguirre, en la rotonda de Viesques. El peligro de arrimarse tiene sus compensaciones, entre otras la de convertirse en un mito. No se descarta que la presidenta de la Comunidad de Madrid corra los sanfermines el año que viene o tome la alternativa en la feria de San Isidro. Tras salir indemne de un secuestro en la India, de un helicóptero en Madrid y de un choque en Viñao, y eso sin contar el cáncer, doña Esperanza es la verdadera dama de hierro de la política española.

 Arrimarse. Esa es la cosa complicada y meritoria. FAC, por ejemplo, no acaba de coger el toro por los cuernos, no se arrima. Quienes esperaban desde el 22 de mayo ver a los nuevos y diestros gobernantes protagonizando faenas constantes de ajuste de la crisis, salidas diarias a hombros y por la puerta grande tras mostrar sus artes magistrales ante la recesión, estocadas hasta la bola del paro y vueltas al hemiciclo agradeciendo la ovación, de momento se están quedando con una versión arreglada del “bombero torero”: encender alguna fogata para apagarla después. Y poco más. Curro Romero era un arriesgado al lado de esta cuadrilla.

Por ahora han soltado a la plaza unos mansos muy arreglados que dan espectáculo pero tienen poco recorrido en los pases de fondo. Que si una deuda oculta (no se sabe dónde), que si una Semana Negrade llevar o traer, que si me pongo yo en primera fila para saludar a Jovellanos, que si les quito el coche oficial a los del Puerto, que si unos abonos para el Bibio, que si mire usted lo que tengo en el banco y lo que me abulta la hipoteca, qué pobre soy, y tal y cual… Nada, unos sobreros para entretener al personal, unas cabras afeitadas para evitar que salgan de los corrales las fieras anunciadas en los carteles. Los toros de la ganadería del Inem, del Insalud, del AVE, del Imserso no se van a lidiar todavía. Ese ya es otro ganado de más porte y demasiado riesgo como para arrimarse por las buenas. Además, algunos de esos toros ya están muy toreados y saben demasiado. Así que mientras sigamos con las novilladas y las faenas de aliño, se irá acercando el tiempo de las elecciones generales, una feria de mucho compromiso a la que la cuadrilla de Foro quiere llegar sin ninguna cornada en el cuerpo electoral.

Pufos y semanona

Me cuesta distinguir si el pregón dela Semana Grande lo ha soltado don Manuel Vega Arango con sus parlamentos gijonudos, o si los verdaderos pregoneros han sido la alcaldesa y los concejales con las espeluznantes revelaciones de sus cuentas corrientes, pufos e hipotecas. Sólo habría faltado que los leyeran desde el balcón consistorial. La programación de entretenimientos de circo durante las fiestas patronales es  muy variada. Hay cantantes, acróbatas, gaiteros y, sobre todo, mucho fuego de artificio. Todo es bueno para entretener al personal, desde la deuda oculta descubierta por los sabuesos del presidente Cascos, hasta la enumeración de los bienes catastrales de sus ilustrísimas concejalías. Todos estamos unidos por la fiesta y por la crisis. El pregonero Manuel Vega-Arango preside un equipo de fútbol que se encuentra en concurso de acreedores; la alcaldesa Moriyón dirige un ayuntamiento que, al parecer, no tiene para llegar a fin de año y sus señores concejales, para rematar el público memorial de agravios financieros, presentan unos saldos bancarios que, en general, tienen más en el debe que en haber. Será para dar ejemplo: un ayuntamiento hipotecado gestionado por concejales hipotecados a quienes apetece mandar un giro de 20 euros. Anunciar fiesta mayor a la vez que se enseñan las vergüenzas económicas es para bajar el vacilón a cualquiera. Es como poner a Ruiz Mateos a tocar la campana que abre la sesión del Ibex 35. No es de fiar.

Con este contexto económico que nos apremia en lo financiero, en la hipotecario y en lo salarial, con Estándar & Poor’s como artista invitado en todas las fiestas, creo que el pregón de la semanona gijonesa tendría que haber pronunciado uno de los 25.000 parados gijoneses, alguno de los indignados  de perro, flauta y cabreo o cualquiera de los prisioneros de un ERE. Sacar las cuentas al sol en mismo día que se pregonan las fiestas del pueblo es una sutil manera de llamar al personal a moderar sus ocios, tomar menos copas y cuidarse de las primas de riesgo, los puntos básicos y los de sutura. El que no tenga dinero para salir a tomar una sidra, que se entretenga en casa mirando el saldo de la cuenta bancaria de un concejal. Algunos no están nada mal. En todo caso, el espectáculo debe continuar

Tóxicos y fanáticos

 
Un amable lector (por llamarlo de alguna manera) comentó en internet una de mis columnas publicadas en EL COMERCIO y en la que un servidor ironizaba contra alguna decisión del partido gobernante en minoría, tanto en Gijón como en Asturias. La discrepancia del lector, escondida tras el correspondiente anónimo o seudónimo, por supuesto, se basaba principalmente en acusarme de ser «un adicto a la izquierda» (sic). Siempre había pensado que uno podía ser adicto al tabaco, la morfina, el caviar de oricios, el chocolate Plin o la ginebra Xoriguer (muy recomendable, por cierto). Opino que en política se debe intentar ser simpatizante o militante, no adicto. En fin, creo que nadie debería ser adicto a la política ni a nada, y debo aclarar que no soy adicto a la política, ni a los políticos de ningún lado del espectro.
Ahora bien, aclarado que no soy un toxicómano de las ideas políticas de nadie, sino un consumidor moderado de las que me gustan (y las que me gustan no siempre están todas en el mismo partido político), debo añadir que se empieza a respirar un cierto tufo de matonismo verbal y hasta gestual contra quienes, como un servidor, no nos hemos puesto a la cola del hormiguero reinante y en otros tiempos trabajamos para otras administraciones, por cierto igual de legítimas que la actual.
Es una decisión personal, legítima y razonada, exactamente igual de respetable que la de quienes militan o simpatizan en otras ideas que a mí no me gustan. No me he permitido nunca fanatismos en religión ni en política.
El fanatismo sí es un adicción que debería estar más controlada que el tabaquismo o el alcoholismo. Hay gente que gana unas elecciones y cree que ha ganado una guerra civil, y un servidor aborrece de estos comportamientos vengan de donde vengan: de la izquierda, de la derecha o de la ultraderecha camuflada.
Así que, sin más adicción que la de llegar a fin de mes y pagar mis pufos, seguiré escribiendo mis opiniones mientras me dejen y pueda. Con nombre y apellidos, como es habitual.

 

Semanal informe. Paradojas

Hay semanas en las que todo son paradojas de pesada digestión. Por ejemplo, Asturias está a punto de batir un récord extraño: tendrá el tren de alta velocidad más lento del mundo. Antes, los trenes se conformaban con no llegar a su hora pero todo parece indicar que ya no llegarán ni a su año. La siempre cuestionada relación directa entre la velocidad y el tocino se puede apreciar a la perfección en la historia ferroviaria del Principado. En cosas de trenes, como dice la letanía, todo cambia mientras pasa el tren y nada cambia porque la vía siempre es la misma. Aquí, hasta la fecha, ni vía, ni tren. El ancho ibérico, como el jamón ibérico será lo más caro que veamos en el menú de transporte. La carne de AVE se ha puesto a un precio prohibitivo.

Más paradojas. La visita de Benedicto XVI a España incrementa la profusión, cantidad e intensidad de las blasfemias proferidas en las calles de Madrid y otras capitales. Increíble. Este país no tiene arreglo. Nos quedamos fumando a la puerta de la iglesia en los funerales y queremos que el Papa se pague sus viajes apostólicos. Viene el pastor alemán dela Iglesia y la gente se lía a apostatar y protestar por las calles. La chamuscada con la que Dios rehogó a Sodoma y Gomorra va a ser unpaseo por la Warner al lado del paquete que nos va caer de lo alto a los españoles descreídos. Conscientes de que este merdé no lo arregla ni Dios por muchos millones que cueste el viaje de su vicario, el personal rechaza lo papable y sólo quiere lo palpable.

Todo el mundo va a la Semana Negra, pero nadie la quiere tener al lado de su casa.La Semana Negra es como esos amores de verano a quien todo el mundo mete mano aprovechando el frenesí estival, pero con los que nadie se quiere casar.

Penúltima. Para que los indignados no bloqueen la Puerta del Sol,la Policía bloquea la Puerta del Sol.

 Última.La Casa Real inicia sus vacaciones en modo austeridad. Siguen en la misma isla, en el mismo palacio, con el mismo séquito y con el mismo barco. Para que luego vengan los de oso que mató a Favila a pedir república.

Me enterado de que “Sálvame” tiene guionistas. ¿Alguien puede escribir un guión para Belén Esteban? Mis respetos, colegas. ¿Quién es el guionista de este carajal de actualidad?

Nos falta un verano

Hablar del tiempo es una estupenda manera de perderlo, aunque socialmente muy aceptada. Voy a ello, pues. Desde julio, por ejemplo, la gente se pregunta constantemente qué hemos hecho para merecer un verano tan otoñal. Hay varias explicaciones. Mi amigo José María cree que todo se debe a que el gobierno saliente, el que presidía el señor Areces, no dejó pagados los días de estío de la temporada 2011. Las estrecheces presupuestarias han sido de tal calado que don Vicente y los suyos dejaron el verano sin pagar. Y así están las cosas y las costas: más mojadas por las lluvias que por las olas. Imperdonable.

Otra teoría sugerida por grupos del rojerío habitual, apunta a Foro Asturias como responsable del nublado permanente que convierte las sombrillas en estupendos paraguas. Según quienes sostienen esta interpretación, la austeridad presupuestaria anunciada por el señor Álvarez-Cascos se está tomando tan en serio que este año sólo nos hemos podido permitir un verano de segunda mano, ya usado en Galicia y Cantabria sin ir más lejos. Los veranos de segunda mano son como las ropas que heredamos de quienes las usaron en tiempos mejores: ofrecen una luz bajada de color, las nubes tienen sietes por las que se escapa el agua y los múltiples parados no pueden pasar los lunes al sol, porque no lo hay, ni los martes en el chigre, porque no les llega la paga. Si el verano fuera del paquete, a estrenar, con todos los extras, aunque se financiara a doce meses con la tarjeta del Corte Inglés o un crédito del ICO, julio habría sido de otra manera. Seguro. En Valencia, por ejemplo, está haciendo un verano estupendo a pesar de ser una comunidad autónoma muy empufada. Igual es que a Camps, además de trajes a medida, le regalaban veranos por la patilla. ¿Existe el cohecho impropio meteorológico?  A saber. ¿Cuántos veranos de más tienen guardados por valencianos en el armario? ¿Cuántos veranos usados y opacos nos esperan a los asturianos? A saber.

En este verano de Asturias el sol está minoría frente a las nubes, no acaba de dar la cara. Todo es gris. En Asturias nos falta un verano. Este de 2011. Vayan apuntando.

Hacer o deshacer

Hace años que no paso por la Semana Negra.Tengo problemas con las multitudes en todas sus variedades, aborrezco que me empujen y me mareo en la noria. Tampoco voy a la Feria de Muestras por razones similares. Evito con cuidado la Noche de los Fuegos, dada la sensibilidad de mis juanetes. El mio no es uno de los miles de esternocleidomastoideos estirados hacia el cielo con ojos que giran como los de Marujita Díaz en pos de aviones que hacen cabriolas. No bailo la danza prima el 15 de agosto, ni tampoco me siento tentado por los entrañables festivales de tonada, las tardes castizas en el Bibio, los conciertos gratuitos, las tardes gloriosas de las Mestas o los llenazos de El Molinón. Tampoco voy a las manifestaciones sindicales, ni a las procesiones religiosas, no me disfrazo en Antroxu, no voy al entierro de la sardina y espero que el mío propio no esté demasiado concurrido. Me agobio.

Pese a causar baja en todos estos eventos del gijonismo más enraizado, me siento tan gijonudo como el que más y me dolería en el alma que alguien, sea en nombre de lo que sea, por acción o por omisión, dejara que Gijón y los gijoneses perdiéramos nuestra Feria de Muestras, nuestro Antoxu, nuestros toros de Begoña, nuestros concursos hípicos agosteños o nuestra Semana Negra. No participo en nada de todo ello, pero lo considero mío porque me da sensación de pertenencia, me define y me diferencia.

Hay que ser demasiado torpe, ciego, insolente o ajeno a la realidad como para no darse cuenta de que Gijón ha construido su imagen de ciudad grande, acogedora y atractiva a partir de retales tan dispares como las piedras de las termas romanas, los bocadillos de calamares dela Feria de Muestras, los peces del Acuario, los robles del Botánico, los chigres de amable propietario anónimo y, también, la Semana Negra.Todas las piezas hacen que sigamos estando en el mapa en  unos tiempos duros en los que hacen falta ideas que nos mantengan en el candelero y, de paso, generen negocio.

Liquidar la Semana Negra sería un tremendo error, incluso parea quienes nunca vamos a ella. Si alguien no es capaz de hacer ciudad que, por lo menos, no la deshaga. Por favor.