Copas en Moody’s

El lunes me invitaron a tomar una copa en Moody’s. Creí que era un cabaré de moda, pero resulta que se trata de una agencia de calificación financiera de carretera en la que preparan unos cócteles carísimos y abrasivos para la lengua, el bolsillo y el paladar. Además, todos los camareros son portugueses o griegos y no tienen contrato, cobran menos de mil euros y los tratan a patadas. Actuaban esa noche los Lehman Brothers, unos tíos que antes eran banqueros y ahora son cantantes. Algunos dicen que son unos cantantes, a secas. Los Lehman tienen un gusto nefasto, desafinan como perros pero cobran un pastón sin salir del camerino. Es más, han terminado por pagarles para que no canten. El barman de Moody’s es un tal Bautista, un tipo con nombre de mayordomo servil, pero que tiene fama de cobrar a precio de oro unas copas que elabora con bebidas de garrafón. Encima, Bautista suele quedarse con las propinas, cobra los pinchos, el papel higiénico, las servilletas, los vasos de agua del grifo y los palillos. Un jeta.

Saliendo de Moody’s me encontré con Alfredo Pérez, un viajante de ideas muy veterano. Llevaba en su maleta raída tres programas electorales diferentes, aunque con la apariencia de ser el mismo. “Llámane Rubalcaba, o Rubal, como quieras”, me dijo el viejo buhonero. “Trabajo ahora para Novedades ZP y hago alguna cosa para los de Magia Borrás. Les he dicho que tengo el truco para acabar con cinco millones de parados”, añadió con una sonrisa burlona y moviendo las manos compulsivamente. Tras despedirme de él caí en la cuenta de que me había robado la cartera.

La visión de Leire Pajín en la playa terminó por arruinarme la semana. Las fotos de la ministra en lorzas vivientes son ya un incunable de un valor similar al Códice Calixtino que le han mangado a los de Santiago de Compostela. Es posible que la idea de Alfredo Pérez para acabar con los parados, no con el paro, sea hacerles ver fotos de Leire en bikini. Es la llamada “solución final”.

Termino la semana, esta informe amalgama de siete días, corneado por las astas del poder local que se estrena en los encierros a puyazo limpio. Nos pilla el toro y esto no ha hecho más que empezar, las vacas del pueblo ya se han escapao. Viva San Fermín

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Por si acaso

El otro día me leyó el pensamiento el buzón de voz del teléfono móvil. Estaba yo organizando
en mi cabeza las frases que iba a dejar en el contestador de un amigo despuésde oir el pitido, cuando la voz de la locutora interrumpió su perorata enlatada para decir: «Lo siento, no puedo entener qué desea. Inténtelo más tarde. Gracias».
Yo sabía que mi estado mental es bastante confuso desde hace meses, pero jamás llegué a pensar que se daría cuenta de ello un buzón de voz. Que un teléfono móvil sepa que uno no sabe lo que quiere es muy penoso. Marca un antes y un después en la vida de un humano. Es como recibir una inspección de Hacienda en mal momento o morirse sin estar confesado.
Se puede tolerar que un móvil se quede sin cobertura, que se le agote la batería o que tarde dos o tres días en registrar un mensaje. Lo que es intolerable es que un móvil le pueda leer a uno el pensamiento y sepa, además, que está hecho un lío.
Al parecer hay cada vez más personas que insultan y pegan a sus ordenadores cuando no funcionan. Puede que acabe por patentarse otro tipo de violencia doméstica: la violencia tecnológica. Todo se andará. Uno es pacífico por naturaleza, pero puede entender que alguien le solmene una patada a la impresora o al DVD en un momento de mucha tensión. A mí me parece tan mal que la computadora me deje con el folio en blanco como que el móvil descubra que tengo la mente en blanco.
Hace días que me abstengo de pensar ante mi teléfono.
Por si acaso.

El dedo, el pene y Marujita

He leído lo publicado sobre un sesudo estudio que concluye que el tamaño del pene se relaciona directamente con el de los dedos de la mano. Me pregunto si fue primero el huevo o la gallina (con perdón), o sea, si el dedo hace al pene o el pene hace al dedo. Esa parte del informe no ha transcendido. Lo que este estudio confirma de manera indirecta es que la famosa “peineta” tiene mucho de gesto fálico y soez, como ya se suponía, pero siempre está bien que haya un grupo de científicos que ratifiquen nuestras intuiciones sobre la verdadera intención de un corte de manga aznarí. Una vez leída esta noticia me guardo las manos en el bolsillo de manera automática y decido que, a partir de ahora, dejaré de estrechar la mano y saludaré a todo el mundo con una inclinación de cabeza, como los japoneses. (¿Acaso saludan ellos con una reverencia porque la tienen muy pequeña y ya saben esto del dedo y el falo desde hace milenios?) Más misterios del antiguo Oriente sin resolver. Siempre se dijo que la cara era el espejo del alma, pero nunca que las manos fueran espejo de la entrepierna. Es algo inquietante, ya que si uno quiere taparse la cara con las manos para ocultar el espejo de su alma, puede dejar al descubierto los dedos que evidencien el tamaño de su virilidad. Todo es muy complicado, ya no existe la intimidad.

Desde que Fidias aplicó a la escultura griega el canon de la belleza clásica, la historia de la Humanidad está trufada de gentes dispuestas a buscar significados a todas las proporciones y hallar paralelismos que expliquen la realidad yendo de lo particular a lo general. Yo me pregunto, por ejemplo, ¿qué relación hay entre el nivel social y cultural de un país en el que uno de los programas con más audiencia invita a enseñar una teta a Marujita Díaz? No sé si el éxito televisivo de los colgajos de Marujita es directamente proporcional a nuestra riqueza cultural y mediática. No sé si Marujita y Jorge Javier son los dedos que dan la medida de la calidad de nuestra televisión. No sé si Teddy Bautista y la SGAE miden la honradez de los artistas de España. No sé si los banqueros son el canon de nuestra economía. No sé si nuestros políticos dan la medida de nuestra democracia. No sé si mis dedos dan la talla homologada de la virilidad astur. Qué angustia: póngame tres dedos de ginebra.

Seguir vivo

Me digo desde hace días que conviene seguir vivo por lo que pueda pasar. Seguir vivo con lo que está pasando se está convirtiendo en un ejercicio arduo, aburrido y desesperante, por eso llevo días dándole vueltas a esta frase: conviene seguir vivo por lo que pueda pasar. Igual lo que va a pasar es peor que lo que está pasando, ya que como se sabe de la vida sólo se sale muerto, pero mientras la droga de la curiosidad sea gratuita conviene seguir vivo para verlo. Igual nuestra paciencia es compensada con una rebaja en las tarifas del agua, el gas y la luz, en las de los teléfonos móviles y en el precio de la hipoteca. La simple mención de todas esas cosas da ganas de morirse, pero conviene seguir vivo por lo que pueda pasar. Si esperamos lo suficiente, lo mismo llegamos a presenciar el final de las negociaciones entre IU, el PSOE y Podemos. Igual conseguimos ver terminada la Variante de Pajares, el soterramiento ferroviario de Gijón y al Sporting jugar la Champions League. Igual conseguimos llegar a fin de mes, que nuestros análisis de sangre sean modélicos y nuestro índice de sex-appeal resulte inapelable. En fin.

Conviene seguir vivo por lo que pueda pasar, aunque admito que esta frase es muy poca cosa si la comparamos con lo que nuestra intuición dice que va a pasar, o si medimos nuestras flacas esperanzas con lo que los periódicos dicen a diario  que va a suceder. Mientras gobiernen el mundo el FMI yla SGAE tenemos pocas posibilidades de que nos sorprenda algo de lo que pueda pasar. Si lo que pueda pasar es parecido a lo que está pasando, vale más pasar de todo. Sólo un ápice restante de curiosidad, tal vez malsana no digo que no, nos hace mantenernos con vida por si acaso. Lo mismo llegamos a ver a Rajoy trabajar un poco para variar, a los terroristas dar muestras de humanidad y entregar las armas, a los empresarios crear empleo sin poner la misma cara que cuando les sacan una muela y a los obispos poner en hora su reloj histórico.

¿Conviene seguir vivo por lo que pueda pasar? No sé que decir. Hagan ustedes lo que quieran. O lo que puedan.