Setas y Rolex

Cuando los niños hacen preguntas precoces, los mayores se parten de risa. «Mira qué neñu más listu», dicen, celebrando que el infante vaya unos pasos por delante de lo que debieran ser sus preocupaciones naturales. Preguntar es un signo de inteligencia, al parecer. En la edad juvenil se nos anima a abrirnos camino por nuestra cuenta diciendo eso de que «preguntando se llega a Roma», o de que «quien no se arriesga, no cruza el río». En nuestros trabajos de la edad adulta (caso de tenerlos y conservarlos) se valora mucho eso que se llama la proactividad, es decir, adelantarnos a los acontecimientos, preguntar, conocer, deducir y decidir.

El trabajador proactivo, curioso, emprendedor y adelantado tiene más papeletas que el apocado y silencioso a la hora de medrar. Un psiquiatra argentino llamado José Ingenieros escribió que «la curiosidad intelectual es la negación de todos los dogmas y la fuerza motriz del libre examen». Todas estas obviedades que les acabo de decir chocan de frente con la opaca decisión del gobierno municipal gijonés de prohibir a los periodistas hacer preguntas que no correspondan al asunto que se trata en tal o cual acto. Semejante restricción del ejercicio profesional no se dio jamás en el Ayuntamiento de Gijón.

O sea, que la curiosidad innata a este oficio de preguntar queda capada por la estrechez de quien dicta la norma y la candidez de quien la propaga con ánimo de poner puertas al campo. Si un señor concejal está presentando unas jornadas sobre la marañuela, no podrá ser preguntado sobre la casadiella. Las ruedas de prensa y los actos públicos serán desde ahora de asunto único, «yo he venido aquí a hablar de mi libro», como dijo Umbral, de manera que quienes cobran (y bien) por regir los destinos de Gijón no hablarán de lo que no les convenga. Es como el chiste de los que iban a setas y encontraron un reloj marca Rolex. «Oye, ¿qué hacemos?», dijo el preguntón, seguramente periodista. El otro, seguramente concejal de FAC, respondió: «Pues nada, coño. ¿Venimos a setas o venimos a Rolex?». Ese día no tocaba apañar relojes de marca.

La curiosidad es insubordinación en su más pura forma, dijo Nabokov. Seguramente, para nuestros amigos y bien mantenidos concejales gobernantes, los periodistas son grabadoras con patas con la función de grabar y la de reproducir. Si quieren otra cosa, que se vayan a setas. No a Rolex.

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