La afición

Francisco Camps tiene problemas con sus trajes y el Sporting con las camisetas de sus jugadores. En la política y en el fútbol tienen mucha importancia las apariencias y el efecto de la presión pública. El hábito no hace al monje, pero puede causarle algunos disgustos como se está viendo. El dimitido presidente de Valencia  iba muy trajeado a costa de alguna que otra chorizada, por eso su elegancia interior dejaba mucho que desear y se ha tenido que ir a su casa a inventariar su fondo de armario. Camps se proclama decente e inocente, pero ha tenido que dimitir por si al juez le da por decidir lo contrario. El Sporting se tiene por rojiblanco, pero ahora parece ser blanquirojo, circunstancia que cabrea mucho a los aficionados. Igual todo es cuestión de perspectiva: desde la grada las camisetas tienen otro tono y hay gobernantes que se permiten a sí mismos ciertas licencias que no toleran a la oposición.

Además demás de ser sportinguista hay que parecerlo y sudar la camiseta, pero con la gama de colores adecuada. Los políticos han de llevar traje y corbata (que se lo digan a José Bono), pero pagando lo que sea y siendo honrados además de elegantes. No vale el gratis total para algunos cuando el resto de los sufridos votantes/futboleros tenemos el saldo bancario más tieso que la mojana y seguimos pagando impuestos y abonos de temporada en El Molinón o donde sea.

Francisco Camps seguiría siendo presidente si hubiera pagado sus propios trajes, no sé si mejor  o peor gobernante, pero presidente al fin y al cabo. Me parece complejo calcular si el Sporting meterá más goles con una camiseta más roja que la recién estrenada, pero lo seguro es que la afición, la que paga, apoya y aguanta, tiene todo el derecho a mostrar su disgusto y a pedir el cambio. Un equipo se arropa con sus colores y con la afición. Un político no debe tener más color que la transparencia si quiere ser arropado por los votos y la ley. Así están las cosas. Un gobernante al que sea fácil sacar los colores nunca será recomendable. Un equipo que pierde o destiñe los suyos, tiene un problema. ¿Es lo mismo la política que el fútbol? No, pero en ambos casos hay que contar con la afición si se quiere seguir en primera.

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