Por si acaso

El otro día me leyó el pensamiento el buzón de voz del teléfono móvil. Estaba yo organizando
en mi cabeza las frases que iba a dejar en el contestador de un amigo despuésde oir el pitido, cuando la voz de la locutora interrumpió su perorata enlatada para decir: «Lo siento, no puedo entener qué desea. Inténtelo más tarde. Gracias».
Yo sabía que mi estado mental es bastante confuso desde hace meses, pero jamás llegué a pensar que se daría cuenta de ello un buzón de voz. Que un teléfono móvil sepa que uno no sabe lo que quiere es muy penoso. Marca un antes y un después en la vida de un humano. Es como recibir una inspección de Hacienda en mal momento o morirse sin estar confesado.
Se puede tolerar que un móvil se quede sin cobertura, que se le agote la batería o que tarde dos o tres días en registrar un mensaje. Lo que es intolerable es que un móvil le pueda leer a uno el pensamiento y sepa, además, que está hecho un lío.
Al parecer hay cada vez más personas que insultan y pegan a sus ordenadores cuando no funcionan. Puede que acabe por patentarse otro tipo de violencia doméstica: la violencia tecnológica. Todo se andará. Uno es pacífico por naturaleza, pero puede entender que alguien le solmene una patada a la impresora o al DVD en un momento de mucha tensión. A mí me parece tan mal que la computadora me deje con el folio en blanco como que el móvil descubra que tengo la mente en blanco.
Hace días que me abstengo de pensar ante mi teléfono.
Por si acaso.

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