Informe semanal

 
 
Estamos en tiempos de austeridad. Es la palabra clave. La ha anunciado de nuevo el jefe del Gobierno astur durante la tercera o la cuarta austera toma de posesión de sus austeros nuevos altos cargos. Lo ha dicho el jefe con su verbo tajante, austero en mohínes y un punto malhumorado. Se ahorrará de todo, hasta en discursos. El nuevo presidente del puerto de Gijón, por ejemplo, ha dicho por toda declaración de intenciones que va «a mejorar lo mejorable». La abismal profundidad del mensaje no deja lugar a dudas, ni margen para hacer análisis maliciosos. Ni de ningún tipo. En boca cerrada no entran moscas. Ni barcos. Por ejemplo, al presidente saliente del puerto de Avilés, Manuel Docampo, no le dejaron leer en público unas líneas de despedida. Por si las moscas. Es como lo que pasa en el Ayuntamiento de Gijón, donde se recomienda a los periodistas ahorrarse preguntas que no tengan que ver con el tema que le apetece al edil. En los años de la fame y la posguerra civil se decretaba el «día del plato único» para ahorrar. La variante actual son las ruedas de prensa de «tema único», tan alimenticias como un menú de aire.
Se prescribe ahorro en palabras y en presencias institucionales. Por ejemplo, ningún cargo del Ayuntamiento de Gijón acudió a inaugurar la Semana Negra. El hormiguero humano que congrega cada año esta fiesta popular no es del gusto de las hormigas de FAC, aquellas modestas hormigas que, en la noche electoral, prometieron ser el Gobierno de todos. ¿Menos de los que van a la Semana Negra a comer empanada? Cortó la cinta de inaugurar el expresidente Areces. La política de austeridad lleva incluso a reciclar presidentes de segunda mano para inaugurar fastos populares. Se reciclan envases y líderes.
El partido que maneja la barca del Gobierno astur sólo aparca la austeridad en el lema de las generales ‘Más Asturias’. Un partido en minoría pide más de lo que no tiene, claro. Todos queremos más, aunque lo que no sabemos es si queremos más de lo mismo. Personalmente, desde hace tres semanas sólo conozco más parados en mi entorno directo. Todos se han vuelto muy austeros.
Por austeridad iremos a las urnas el 20-N. Parió ZP. Dos por uno: con el simple gesto de votar se entierra un poco más la memoria del dictador original y a los dictadoretes de garrafón que quieren que este valle de lágrimas se parezca cada vez más al Valle de los Caídos. Un monumento muy austero, por cierto.
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Setas y Rolex

Cuando los niños hacen preguntas precoces, los mayores se parten de risa. «Mira qué neñu más listu», dicen, celebrando que el infante vaya unos pasos por delante de lo que debieran ser sus preocupaciones naturales. Preguntar es un signo de inteligencia, al parecer. En la edad juvenil se nos anima a abrirnos camino por nuestra cuenta diciendo eso de que «preguntando se llega a Roma», o de que «quien no se arriesga, no cruza el río». En nuestros trabajos de la edad adulta (caso de tenerlos y conservarlos) se valora mucho eso que se llama la proactividad, es decir, adelantarnos a los acontecimientos, preguntar, conocer, deducir y decidir.

El trabajador proactivo, curioso, emprendedor y adelantado tiene más papeletas que el apocado y silencioso a la hora de medrar. Un psiquiatra argentino llamado José Ingenieros escribió que «la curiosidad intelectual es la negación de todos los dogmas y la fuerza motriz del libre examen». Todas estas obviedades que les acabo de decir chocan de frente con la opaca decisión del gobierno municipal gijonés de prohibir a los periodistas hacer preguntas que no correspondan al asunto que se trata en tal o cual acto. Semejante restricción del ejercicio profesional no se dio jamás en el Ayuntamiento de Gijón.

O sea, que la curiosidad innata a este oficio de preguntar queda capada por la estrechez de quien dicta la norma y la candidez de quien la propaga con ánimo de poner puertas al campo. Si un señor concejal está presentando unas jornadas sobre la marañuela, no podrá ser preguntado sobre la casadiella. Las ruedas de prensa y los actos públicos serán desde ahora de asunto único, «yo he venido aquí a hablar de mi libro», como dijo Umbral, de manera que quienes cobran (y bien) por regir los destinos de Gijón no hablarán de lo que no les convenga. Es como el chiste de los que iban a setas y encontraron un reloj marca Rolex. «Oye, ¿qué hacemos?», dijo el preguntón, seguramente periodista. El otro, seguramente concejal de FAC, respondió: «Pues nada, coño. ¿Venimos a setas o venimos a Rolex?». Ese día no tocaba apañar relojes de marca.

La curiosidad es insubordinación en su más pura forma, dijo Nabokov. Seguramente, para nuestros amigos y bien mantenidos concejales gobernantes, los periodistas son grabadoras con patas con la función de grabar y la de reproducir. Si quieren otra cosa, que se vayan a setas. No a Rolex.

Genéricos

Sanidad ha ordenado a los médicos que prescriban medicamentos genéricos, no de marca. Curan lo mismo, al parecer, y son más baratos, pero el personal no se fía: si pone Bayer, es que tiene que ser Bayer. Es como comprarse un jersey de Lacoste o uno en el rastro. Abrigan lo mismo, pero mola más el del cocodrilo. En esto de la sanidad se avecinan tiempos en los que vamos a tener que pagar hasta para que nos pongan el termómetro, de manera que lo de los medicamentos de marca vamos a recordarlo dentro de nada como una anécdota más. Lo que parece es que esta medida de ahorro sanitario se está trasladando también a la política.

Un servidor tiene la sensación cada vez más arraigada de que hemos entrado en una época en la que los partidos nos están recetando políticos genéricos, sin marca definida, que valen para todo y para nada. Sus componentes químicos fundamentales son los mismos. Cambia el envase, el logotipo y el colorín, pero el resultado final no varía casi nada. Los genéricos en político han creado específicos que no saben a nada, que no curan nada y que no arreglan nada. Se presentan como remedios de última generación, pero no pasan de ser placebos para engañar a los niños. Antes uno votaba a políticos de marca y se atenía a las consecuencias. Sus remedios estaban claros desde el principio y bien diferenciados de los del opositor. Uno sabía qué brebaje administraría cada cual a la economía o qué cataplasma colocaría en los dolores de la sanidad o la educación. Tras cada votación se nos recetaba un tratamiento gubernamental de cuatro años de duración y ahí va, qué te preste. Habría que leerse bien el prospecto para saber las contraindicaciones, las dosis adecuadas y los efectos secundarios. Si el asunto no funcionaba, se cambiaba de medicina y a otra cosa.

Ahora, los ciudadanos no quieren medicamentos genéricos y creen que los actuales políticos son una estafa. Ya no vale aquello de que “lo que no mata, engorda”. Lo genérico levanta demasiadas sospechas y uno ya está en edad de cuidarse un poco. No me valen tantas generalidades que dicen lo mismo, prometen lo mismo, atacan lo mismo, recortan lo mismo y se hacen las mismas fotos con los mismos. Y nosotros, sin levantar cabeza. Creo que voy a empezar a auto medicarme.

Informe semanal

Anuncios por palabras. Gobierno joven, musculoso, potente, esbelto y con fortaleza. Se ofrece a tres turnos. Especialidad en tándems completos y podas administrativas. Nuevos en Asturias. Pruébanos. Recibimos solos. Suárez de la Riva, Oviedo.

Crónica parlamentaria. Álvaro Cuesta, diputado socialista por Asturias, protagoniza uno de los gestos más temerarios y críticos de esta Legislatura: se quita la americana en el hemiciclo en presencia de José Bono y por si fuera poco, no llevaba camisa, sino un polo. Toma remango y coraje. Políticos de esta talla sólo surgen uno por generación. Bueno, a veces surgen dos. Por ejemplo Javier Fernández, la fallida joven promesa dela FSA, que ha recibido esta semana un escaño en el Senado como premio a su brillante gestión pre y post electoral. Ignoramos si desafiará también a la presidencia de la Cámara Alta quedando en mangas de camisa. Estaremos atentos.

Educación. El rector Gotor se gasta en vallas metálicas el dinero que tenía para contratar profesores eméritos. Entre educación y seguridad, el rector lo tiene claro. Vaya. Los estudiantes del campus de Gijón estarán menos educados, pero seguros y a salvo de la chusma que se sube en la noria y come salchichas. Se rumorea que en el precio del vallado se incluye la contratación de Paco Ignacio Taibo II como catedrático en historia de los guettos. Gotor pasará a la historia de la Universidad de Oviedo como el primer rector que, además de magnífico, ha sido metálico. El saber no tiene límites, pero los campus tienen vallas. Vaya.

Pasatiempos.  “¡Hola!, tengo que irme”, dijo antes de llegar a serlo el viceconsejero que pudo serlo, señor Forascepi. Antes lo había dicho Groucho Marx, pero él nunca formó parte de gobierno alguno. Como el viceconsejero. Una retirada a tiempo puede ser una victoria.

Hola, yo también tengo que irme por hoy. Adios.

La afición

Francisco Camps tiene problemas con sus trajes y el Sporting con las camisetas de sus jugadores. En la política y en el fútbol tienen mucha importancia las apariencias y el efecto de la presión pública. El hábito no hace al monje, pero puede causarle algunos disgustos como se está viendo. El dimitido presidente de Valencia  iba muy trajeado a costa de alguna que otra chorizada, por eso su elegancia interior dejaba mucho que desear y se ha tenido que ir a su casa a inventariar su fondo de armario. Camps se proclama decente e inocente, pero ha tenido que dimitir por si al juez le da por decidir lo contrario. El Sporting se tiene por rojiblanco, pero ahora parece ser blanquirojo, circunstancia que cabrea mucho a los aficionados. Igual todo es cuestión de perspectiva: desde la grada las camisetas tienen otro tono y hay gobernantes que se permiten a sí mismos ciertas licencias que no toleran a la oposición.

Además demás de ser sportinguista hay que parecerlo y sudar la camiseta, pero con la gama de colores adecuada. Los políticos han de llevar traje y corbata (que se lo digan a José Bono), pero pagando lo que sea y siendo honrados además de elegantes. No vale el gratis total para algunos cuando el resto de los sufridos votantes/futboleros tenemos el saldo bancario más tieso que la mojana y seguimos pagando impuestos y abonos de temporada en El Molinón o donde sea.

Francisco Camps seguiría siendo presidente si hubiera pagado sus propios trajes, no sé si mejor  o peor gobernante, pero presidente al fin y al cabo. Me parece complejo calcular si el Sporting meterá más goles con una camiseta más roja que la recién estrenada, pero lo seguro es que la afición, la que paga, apoya y aguanta, tiene todo el derecho a mostrar su disgusto y a pedir el cambio. Un equipo se arropa con sus colores y con la afición. Un político no debe tener más color que la transparencia si quiere ser arropado por los votos y la ley. Así están las cosas. Un gobernante al que sea fácil sacar los colores nunca será recomendable. Un equipo que pierde o destiñe los suyos, tiene un problema. ¿Es lo mismo la política que el fútbol? No, pero en ambos casos hay que contar con la afición si se quiere seguir en primera.

Promesas a tres turnos

En estas semanas de tanto exceso de discurso, de promesas a tres turnos, de discursos proféticos, catastróficos, resignados y, en general, repetidos, me ratifico en que el mejor político es el que se calla a tiempo. O, mejor, el que está callado el mayor tiempo posible. Si un político no habla seguro que tendrá tiempo para trabajar, para pensar, para hacer algo que justifique
su sueldo. En esto de la política pasa como con los camareros: si rebasan el tiempo de charla que separa la cortesía de la verborrea, malo. Una cosa es ser educado y otra cosa es ser un pelmazo.

Seguro que a ese barman que raja tanto se le termina por olvidar si lo que querías era un café con leche o un cubalibre. Seguro que ese gobernante predicador termina por no recordar lo que había escrito en su programa electoral, si es que se tomó la molestia de hacerlo. Por eso uno nunca se fía de los políticos ni de los camareros que hablan demasiado. En política no conviene mezclar el BOE con el Vogue, como en hostelería no conviene confundir el Martini agitado con el mezclado. No saber combinar a tiempo las promesas con las realidades o la ginebra con nla tónica, puede ser fatal en un momento dado. Un buen cóctel es la mejor obra maestra de un camarero de palabras justas, chaquetilla impecable, pajarita recta y mentón bien afeitado. Un buen proyecto de gestión para una ciudad o una región es el producto destilado por un político que se revuelve sin agitarse y que distingue la palabrería de la eficiencia.
Por eso la acción contra la crisis, el paro y otras cabronadas son el mejor discurso posible en estos tiempos en los que desde los mostradores ideológicos se nos sirve política de garrafón, muy mal destilada y dispuesta a ser servida por unos camareros a quienes el valor sólo se les supone y poco más. A algunos, ni eso.

Así que, por favor, den por finalizado ya el tiempo de la parrafada y empiecen con el de la palada. Tras las promesas a tres turnos vayamos a las soluciones. Con una por turno ya nos llega.

Y no escampa, no

Parece descartado que vaya a llover café en el campo, pero esta semana ha diluviado cocaína en la mar de Gijón, en fardos de veinte kilos o así. Nunca llueve a gusto de todos. Llevan días cayendo del cielo chuzos de punta, crisis, maldiciones, aviones, tiestos y hasta consejeros gubernamentales, pero nunca había caído cocaína envasada como tabletas de turrón. No sabemos si desde arriba alguien trataba de estimularnos a lo bestia, o de animarnos a cantar eso de que “es más fácil encontrar /drogas en el mar”. De un tiempo a esta parte, las rosas se han agostado hasta en los puños más cerrados de la izquierda peregrina por el páramo de la oposición. Como Fredo Rubalcaba no lo arregle, el mensaje socialista tendrá un aspecto similar al de Ortega Cano después de darle el alta (mejor le hubieran dado el alto).

Y con la marejada electoral de componente este (derecha) ha venido un barco cargado con un nuevo gobierno para Asturias. Algunos socialistas se consuelan estos días pensando que los cascos son siempre envases retornables. Faltan cuatro años para ver si es así y si tienen razón quienes creen que contra Cascos se vive mejor. Llueve Gobierno en minoría para hacer (se supone) lo que le más le convenga a la mayoría. Ver veremos. Por ahora la doctora Moriyón, alcaldesa con propiedades medicinales donde las haya, ha prescrito una potente lavativa en las empresas municipales gijonesas echando de sus consejos de administración al rojerío y repartiendo poder con Pilipardo, la derrotada más victoriosa del 22-M. Nunca se vio tal. Eso sí, el retorcijón municipal de la oposición se ha mitigado con un reparto pactado de sueldos para concejales liberados, semi liberados, secretariados, asesorías y otras gabelas. Las purgas con pan son menos.

Tal como están las cosas, esta semana he temido encontrarme con una prima de riesgo. Estoy casado y, a mi edad, hay tentaciones difíciles de superar con virtud. La prima de riesgo se está poniendo tremenda y ya no me da ni para tener los 1.000 euros con los que Bankia anuncia que uno se puede convertir en banquero de andar por casa. En Asturias hay 150.000 currantes que no llegan a mileuristas. Lo de ser banqueros lo dejan para cuando se sientan en un banco del parque a esperar plaza en el Albergue Covadonga. Remate: Harry Potter se despide y vuelve Carlos Solchaga. No escampa, no.

Dios dirá

La posibilidad de que los muertos resuciten para vivir toda la eternidad es la creencia en la que se basa el cristianismo. Lo demás, incluso las vacaciones de Semana Santa, reservas hoteleras de playa o montaña, las procesiones, las liturgias de crespón negro, las siete palabras, el incienso, los capuchones y los latigazos de los penitentes, existen por el mero hecho de que más de media humanidad se agarra al calvo ardiendo de creer que va a vivir después de la muerte. Y eternamente, al parecer.

A estas alturas de la laicidad, la globalización y los viajes pagados con la tarjeta de El Corte Inglés, el origen de la religión y sus ritos es un asunto que probablemente traiga sin cuidado a la mayoría del personal. Por mucho que ello moleste a los obispos (gente tendente a molestarse por casi todo), la cosa de resucitar para disfrutar (o penar) años sin cuento, requiere una imaginación tan portentosa, una fe de tales dimensiones o ambas cosas a la vez que a uno se le antoja que este es tema para gente muy elegida y principal, santos, místicos y otras criaturas que no suelen abundar. El concepto que uno tiene sobre la eternidad es muy prosaico y se parece peligrosamente al de hipoteca de interés variable, algo que, me temo, nada tiene que ver con la teología ni la escatología. A uno ya le parece vivir eternamente poder aguantar hasta el año en la hipoteca esté pagada y sobrevivir para contarlo. Y no digamos si me pongo a pensar en el tiempo que mis hijos van a tardar en independizase con un contrato de trabajo y un sueldo decentes. Vivir cada día deja poco tiempo a resucitar. No sé si la resurrección consistirá en devolvernos el tiempo que hemos perdido en esta vida tratando de no hacer nada inconveniente, siendo honrados ciudadanos, trabajadores, callados y puntuales pagadores de nuestras deudas para, así, poder morirnos en paz y resucitar tocando la lira en un lugar sin obligaciones, tertulias radiofónicas, parquímetros, ni despertadores. No estaría mal.

Ya que Jesús fue un trabajador autónomo del gremio de la carpintería, tardó años en independizarse de su peculiar familia y fue ajusticiado por decir verdades como puños, espero que, a la hora de diseñar la eternidad, tenga en cuenta nuestras penalidades humanas que él compartió. Dios dirá.

De paso

Está publicado que Gijón va camino de tener más plazas de residencias de la tercera edad que camas de hoteles. No me extraña: cada día conozco a más gente con menos opciones para irse por ahí de hotel y con más miedo a acabar en un asilo antes de tiempo. Sin ir más lejos, esta semana se llenó hasta los topes el Albergue Covadonga, el top manta de los hoteles, con todos los respetos. Ya se sabe que si el mal tiempo te pilla en una ciudad ajena te metes en una cafetería, pero si eres un pobre de solemnidad te metes en un albergue de beneficencia a verlas venir. Si además ya tienes más de setenta tacos puede, que tus nietos te metan en un asilo para que tus hijos se queden con tu piso y, así, no tengan ellos que ir a pedir plaza en un albergue con monjitas. El resultado es que la suma de la macabra evolución económica y la alta esperanza de vida harán que la desproporción entre cuartos de hotel y habitaciones de geriátrico se siga disparando a favor de las segundas. De hecho, algunos hoteles de esta ciudad se han reconvertido ya en geriátricos, ejemplos evidentes de saber donde está la clientela asegurada. Al fin y al cabo, en un asilo no hace falta un botones que te suban las maletas. Se llega ya ligero de equipaje.

Si el Eurobanco y sus secuaces no lo remedian y siguen todos tomando copas en el puticlub de Moody’s, el emblema de las hermanas de la caridad va a empezar a ser más solicitado que los sellos del club de calidad que exhiben los hoteles. La cosa está fea porque en las calles de nuestras ciudades han cada vez más parados, más viejos y menos turistas. El Albergue Covadonga tiene ya el cartel de no hay habitaciones hasta el otoño. Por lo menos.

Todos estamos de paso, al fin y al cabo, y la vida es un viaje en el que las reclamaciones al tipo que nos lo ha vendido son totalmente imposibles. Ser viejo es estar poniendo punto final al turismo de la vida. Ser pobre es haberse quedado sin maletas y sin tarjetas de crédito en mitad del trayecto y sin posibilidad de repatriación. Ser pobre y ser viejo a la vez es una cabronada similar a la perder las llaves de casa cuando ya estabas a punto de entrar en el portal y soltar el equipaje para descansar.

News de la nada

Me han asegurado que “The News of the World” tuvo acceso a los buzones de voz de los portavoces asturianos en la Junta General del Principado y que, de hecho, el tabloide inglés ha cerrado para siempre porque, después de 168 años de historia, no habían escuchado nada tan insípido, falto de interés y aburrido. El propio Murdoch sufrió un ataque de risa de tales dimensiones que hubo de ser atendido por su veterinario de cabecera. El percance se produjo tras pinchar el teléfono de Pérez Espinosa durante una conversación negociadora con Álvarez Sostres. El móvil de Javier Fernández estaba desconectado, apagado y fuera de cobertura, todo a la vez. Por si acaso. Mientras Rubalcaba proclama “llamadme Fredo” y gira a la izquierda a ver que se puede rascar, Javier sugiere “que no me llame nadie” y gira sobre sí mismo el pleno vértigo o bailando el corro de la patata con Fernando Lastra. El único que no parece darse por aludido y sigue hiperactivo, como si fuera a ser llamado a filas de un momento a otro, es Tini Areces, el último acorazado de la flota socialista que pudo haber evitado este Pearl Harbour y otros naufragios. En fin, algún día nos lo explicarán los estrategas, si los hubiere.

A lo que íbamos. La transcripción del contenido de los buzones de voz de los móviles de nuestros padres de la patria astur, si los hubiere,  daría para editar en Asturias poco más que el sensacionalista “The news of the nada (nothing)”, un periódico que hace noticia de la ausencia total de noticias. Este grandioso espectáculo que dará lugar a un gobierno que quiere sacar partido de lo que no es, a un partido que se queda sin gobierno por ser lo que es, y a varios partidos que se quedan más partidos y despedazados que nunca de cara a la opinión pública. Lo que va a pasar a partir de hoy, salvo sorpresas a lo Houdini o que alguien resucite al tercer día, dará para más de lo mismo, o sea, para más de nada. No es de extrañar que en Asturias se tomen al año 29 millones de pastillas para combatir la depresión.