COLOR ALA DE MOSCA

Señoras y señores: me veo en la obligación de citar por segunda vez en esta semana a Groucho Marx, no me queda más remedio. El nivel de surrealismo de la actividad política asturiana lo requiere tras la votación visualizada y perpetrada  en la Junta General del Principado en la que se sumaron los votos del PSOE y el PP en un extraño maridaje ideológico, similar al de tomar morcilla con chocolate. Decía Marx: “estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”. El PSOE y el PP han dado a todo el mundo una lección de coherencia previsible y de marxismo grouchista impecable. De la misma manera que a los periodistas se nos dice eso “tranquilo, muchacho, que la realidad no cambie tu precioso titular”, a los políticos debería decírseles “tranquilo, muchacho, que las urnas no cambien tus ambiciones y pactos”.

Quienes sospechan, empezando por el propio Álvarez-Cascos, que los dos partidos ex mayoritarios tenían las cartas marcadas desde hace meses y un pacto rarito bajo la mesa camilla, empiezan a tener razones para pensar que no se equivocaban. Es lógico que socialistas y populares teman a FAC más que al hombre del saco porque hay gente que se va a quedar a dos velas durante cuatro años. Es lógico cabrearse cuando se pierden las elecciones, pero no es normal que se trate de presentar a la sociedad la imagen de un presunto bipartidismo político que no existe.  PSOE y PP son enemigos feroces sólo hasta que alguien viene a quitarles el sitio en el columpio y, entonces, se alían para emprenderla a patadas con el intruso. Hasta IU, fiel escudera del PSOE durante años, se ha quedado fuera del reparto de papeles.

La democracia es un ejercicio muy duro que, al parecer, no todo el mundo está dispuesto a soportar. Los votos sólo son buenos cuando ganamos y los sagrados principios ideológicos se ponen de color ala de mosca para pasar inadvertidos en función de las necesidades.

Que gobierne Groucho Marx, por favor.

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Un pensamiento en “COLOR ALA DE MOSCA

  1. Lo primero que tengo que decir es que PP y PSOE no me parecen morcilla y chocolate sino morcilla y morcilla matachana. A ver, no son la misma cosa, pero la una no es alternativa de la otra. El PSOE ya hizo gala de ese marxismo al que te refieres hace mucho tiempo, cuando cambiaron sus principios por otros.
    Lo que yo sospecho es que lo que está en juego es algo más que los colores de las banderas que ondean en las ventanas de las sedes de los partidos.
    “Evitar un un mal mayor” o “apoyar la menos mala de las opciones”, tal y como fue verbalizado por el PSOE, es dejar que los espectadores vean el truco en el espectáculo de magia: no sólo pierde la gracia sino que la próxima vez serán más difíciles de creer.

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