Demoscopia

Este fin de semana me dio por hacer una encuesta de popularidad en mi casa y acerca de mí mismo. Como no había nadie más por el pasillo a la hora de hacer el sondeo, sólo me pude preguntar a mí mismo. No es igual tomar muestras de orina que de opinión, ya lo sé, para las primeras uno se basta y se sobra, pero a veces uno teme encontrarse con una opinión pública cabreada y más vale caminar sobre terreno seguro.

A veces uno encuentra en la opinión propia más bacterias que en el pis. Por eso, me puse como modelo demoscópico las encuestas que hacen en los partidos políticos serios y me pregunté a mí mismo sobre mi popularidad, grado de aceptación, proyección de futuro, si ganaré algunas elecciones alguna vez y si soy cada vez más guapo. Eché toda una tarde en encuestarme. Tengo a veces tendencia a los errores muestrales, a dar opiniones con un índice de error alto y hasta me he sorprendido alguna vez con tentaciones de irme de copas con el encuestador.

Luego vino la tabulación de los resultados Acabé bastante bien valorado por mí mismo. No es que rompiera la pana ni nada por el estilo, pero saqué un seis y pico en popularidad y casi un siete en sex appeal, además de un cinco en urbanidad.

Por la noche decidí comunicarme a mí mismo los resultados del sondeo y mi sorpresa fue mayúscula al enterarme de que la encuesta no estaba autorizada por Rubalcaba. Ahora tengo una tremenda crisis interna de popularidad y a lo peor acabo por dimitir.

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