Tropas o tripas

Mientras no se retiren las tropas españolas de Afganistán tendremos que seguir viendo como se retiran tripas de soldados muertos en Afganistán. El juego de palabras es tan textual como desagradable y efectista, ya que la guerra, como dijo un tal Erasmo, “sólo es agradable para quien nunca la ha padecido”. Las tripas de toda una sociedad (o de casi toda) se revuelven cada vez que los informativos abren su saco de basura cotidiano con el anuncio de una nueva explosión en Afganistán o sus alrededores. Por mucho que Carmen Chacón haga de sus tripas corazón de capitán general, ponga voz de monja alférez, impostada y pretendidamente marcial, para explicarnos tecnicismos acerca de explosivos y blindajes, cada vez se entiende peor qué coño pintamos los españolitos en el culo del mundo saltando por los aires.

Hasta el gran jefe Obama, coprotagonista con ZP de aquella “conjunción astral” que vaticinó Leire Pajín en un exceso de papanatismo similar a un coma etílico, ha decidido echar el cierre a la aventura afgana porque el asunto se le va de las manos y, además, cuesta un pastón. Pese al obamismo (una variante política de onanismo) de nuestro extinto Gobierno pacifista, el que sacó de la chistera la famosa alianza de civilizaciones, se ha decidido que las tropas españolas seguirán en Afganistán. Y aunque pasamos una de las crisis económicas más peludas de la historia y el Ferral de Bernesga no es West Point, se ha decidido mantener soldados españoles a merced de unos tipos que, provistos de una chilaba raída, un vespino y un saco de bombas, están dispuestos a morir matando al precio que sea. Ellos ya no tienen nada que perder.

Quienes dicen no a las guerras, a todas las guerras habidas y por haber, siguen sin entender este empecinamiento de hacer política usando las tripas en vez de usar la cabeza. El problema es que las tripas que se usan son las de los demás.

Informe semanal

Al parecer, las columnas del Partenón de Atenas saldrán a pública subasta para pagar los pufos de Papandreu. Sugiero que sean  adquiridas por Pepe Blanco para acabar de una vez la Autovía del Cantábrico, tramo Dueñas-Muros del Nalón.  Aprovechando los saldos atenienses, Paco Taibo sopesa trasladar la Semana Negra a un descampado griego para regocijo del señor rector Gotor. Saldrán autobuses de la plaza del Humedal. Solo de ida.

Tony Blair cobra 12 euros por asistir al cumpleaños de su hijo. El presidente de la Junta General del Principado, señor Goñi, estudia una medida similar para que el pueblo llano pueda presenciar los plenos de parlamentidero asturiano. De paso, la Junta podrá obtener así una fuente de ingresos extra para sufragar los 400.000 euros de auto-subida presupuestaria. Una actuación de Isabel Pantoja en el Pleno de investidura del señor Cascos, sería el plato fuerte para abrir esta nueva etapa de parlamento-espectáculo que se inaugura en la calle Fruela. La tonadillera abrazará a los diputados de la oposición (como lo hizo con Paquirrín). Será una edición especial de “Supervivientes parlamentarios”.

La alcaldesa Moriyón anuncia brutales medidas económicas de choque y retira los pases de favor para que concejales y otros adjuntos de la mamandurria dejen de ir a los toros en plan gratis total. Las medidas de recorte podrían incluir la lidia de toros con un cuerno, picadores sin sombrero castoreño montados en caballos sin peto y la práctica del arte de banderillas con mondadientes (usados). Los diestros cambiarán el capote por un paño de cocina. Pilar Pardo lleva a la casa de empeños su mantilla española para sumarse al plan de austeridad.

Lady Gaga llora en público recordando Japón y sus terremotos. Un grupo de asesores del gobierno saliente dan muestras de estar gagás y hacen pucheros con ojos rasgados por el llanto mientras dicen eso de “yo soy un técnico, no un político”. Carmen Moriyón suma ya 1.069 seguidores en Twitter y 1.369 en Facebook. Sic transit gloria mundi, que como todo el mundo sabe, quiere decir “han ganado los míos”.

Putas y economistas

He leído en internet que un médico de Gijón va a ser expedientado por el SESPA por recetar a sus clientes el uso de servicios de prostitución como remedio a ciertos males. Es decir, que la Sanidad pública receta mujeres públicas. Para quien lleva un año esperando una operación de menisco, pongo por caso, la Sanidad ya es una casa de putas, dicho mal y pronto, de manera que escandalizarse ahora porque el buen doctor se haya pasado a las terapias alternativas tampoco es para tanto. No hacen más que decirnos que es recomendable tener una vida sexual sana. Lo que nadie es dijo es si para ello hay que pagar. Además, casi todo el mundo admite el sexo por obligación, ¿por qué no puede haber sexo por prescripción?

De existir de verdad el médico que receta dosis de puterío, es seguramente un terapeuta avanzado que ha tenido la desgracia de hacer experimentos en un medio tan conservador como la Medicina. Eso mismo le pasaba al doctor veterinario Hugo Hackenbush, que recetaba pastillas de caballo a sus pacientes humanos con la advertencia de tomasen una cada siete kilómetros y la promesa de que alguno de ellos ganaría un gran premio en Las Mestas o el Derby de Kentucky.

Gente que anda por ahí recetando lo que no debe la hay a patadas. No hay más que ver, por ejemplo, lo que receta cada mañana el Fondo Monetario Internacional: más despidos, menos sueldos, menos pensiones y más impuestos. Y cuanto más tomamos ese medicamento tan amargo, más malos nos ponemos y ellos insisten en que subamos la dosis si queremos sobrevivir.

El Evangelio advierte que las prostitutas nos precederán en Reino de los Cielos. De momento puede que lo hagan ya en la medicina preventiva. En cualquier caso prefiero encontrarme en el cielo con ellas y no con los del Fondo Monetario Internacional.

45 raspas/año

Ayer me llamó un amigo para comunicarme que se va al paro. Que lo echan al paro, para ser más exactos. Tras más de dos décadas de trabajo en una reputadísima empresa asturiana, mi amigo se va al paro, eso sí, con 45 días por año trabajado como indemnización. Siempre me he preguntado quien calculó lo de los 45 días, de la misma manera que me gustaría saber quién pone nombre a las operaciones policiales o a los toros de lidia. Si el año tiene 365 días, hay 30 de vacaciones y se descansan los fines de semana (en el mejor de los casos y no siempre) ¿por qué a la hora de calcular la deuda que la empresa tiene con nosotros se deja todo en 45? Es algo parecido a los obituarios de los artistas famosos en los que se recuerdan sus diez mejores cuadros, canciones o libros, su media docena de novias y alguna anécdota chusca de su existencia. Es como si al final de una relación sentimental de toda una vida hubiera que recordar los diez mejores besos o los peores polvos.

Toda una vida se despacha con una cuenta de la vieja a razón de 45 días por año en el mejor de los casos. En el menos malo. Y eso a los de mi edad; los de ahora se conformarán con 33 días o menos, es decir, ni un 10% del año. ¿Y qué  45 días se eligen? ¿Los buenos, los malos, los del montón? Nuestra triste, repetida y obligada historia laboral se difumina en un puñado de días indemnizables que no son nada en comparación con los otros, con los no indemnizables. La vida laboral es, al final, como un paquete de tabaco: estropea la salud y sólo deja como resto un montón de ceniza y filtros malolientes con los que matar el síndrome de abstinencia.

Habrá que consolarse con que, al menos, nos devuelven 45 días de cada año trabajado. Es un consuelo estúpido, claro está. Les hemos ayudado a pescar los peces más grandes y nos despiden con las raspas. 45 raspas por año.

LAS NOTAS

Ayer me dieron las notas porque el curso se acabó. Resumo en estas líneas mi curriculum desastroso. Saco cero con cinco en Fe, uno en Esperanza, dos en Caridad. Mal, muy mal en virtudes, me dice mi confesor minutos antes de secularizarse por lo civil. En vicios me va mejor. Consigo notable bajo en avaricia, sobresaliente alto en lujuria, aprobado en soberbia y matrícula de honor en gula. No hay más que verme. Suspendo en matemáticas porque desde el 22-M hasta la fecha sigo sin saber calcular minorías absolutas y mayorías relativas. El profesor me envía al grupo mixto, el de los repetidores, y me prohíbe ver investiduras parlamentarias.

En Física me llevo un cate absoluto e irremisible. Contesto en el examen que “todo cuerpo político que se sumerge en un electorado es igual al número de votos que desaloja”. Yo creía que no y así lo sostuve en la prueba con papeleta, pero me equivoqué. El catedrático de Formación del Espíritu Nacional me dejó por imposible. “Lo siento, muchacho, pero 15-M sumado a 22-M no es igual a mayo del 68”, dictó oculto tras sus gafas ahumadas. En Química consigo un aprobado por los pelos. No la tengo con casi nadie. Y ellos conmigo, tampoco. Tener química con el personal es algo que se me hace cada día más cuesta arriba. A ellos, también.

Suspendo Geografía. Me dicen que Europa limita al norte, el sur, el este y el oeste con Alemania. No me parece de recibo, pero así es. Lo dicen en todos los  telediarios. Protesto, pero es igual. En clase me tienen por tonto. Me llaman “el griego” y “el indignado”. Un pitorreo y yo, encima, me indigno sin tener tienda de campaña.

Suspendo el Francés por falta de práctica, aunque en Lengua consigo un notable. En Literatura permanezco pendiente de evaluación. Mi desastre se compensa gracias a que el profe de gimnasia se apiada de mis lorzas y me da un aprobado general de cintura para arriba. De cintura para abajo sigo sin recuperación posible.

Quedo para septiembre.

Consulte a su hija. O a su perro

Mi hija me explicó una vez que el aire es, en realidad, un pedo que no huele. Lógica aplastante. Los niños (y sobre todo las niñas) suelen hacer unas definiciones de la vida tan simples como ajustadas a la realidad, lo cual quiere decir que cuando se es niño se tiene el don de ver todo con una claridad que jamás vuelve a darse en la vida. A mí me resulta complicado dar una explicación tan atinada como esta, a medio camino entre una greguería de Gómez de la Serna y un tratado de Física de Eduardo Punset.

La prueba de que soy más torpe que un niño es que cuando trato de explicarme a mí mismo qué es lo que está pasando en el mundo tiendo a consultarlo con mi hija o, en su momento, con mi difunto perro, otro ser sabio que, en este caso, manejaba con maestría el complejo arte de callar. Sólo ladraba cuando había razones obvias para hacerlo y sólo meaba en los lugares que tenían algo de particular para él. Si nosotros hablásemos sólo cuando tenemos algo que decir y dejáramos nuestra firma en los asuntos que realmente nos competen, el mundo sería mucho menos cabrón.

De manera que sólo los niños y los perros se manejan con soltura en este complejo paseo que es la vida. Los sabios que en el mundo han sido tienen la mirada de los niños y la virtud de guardar el mismo silencio económico y prudente de los perros. Para llegar a la conclusión de que el aire es un pedo que no huele, hay que tener claras las prioridades: el aire es lo importante y el olor es lo secundario. Lo que nos pasa cuando dejamos de ser niños es que le damos más importancia al pedo que al aire, a la forma que al fondo y a lo anecdótico que a lo fundamental. Y así nos va.

Economía productiva

Cuando los economistas y analistas de “los mercados” hablan de la necesidad de potenciar la economía productiva, no sé si incluyen en ese apartado la elevación de los presupuestos de organismos comola Junta Generaldel Principado. Yo siempre creí que producir era fabricar algo, hacer cosas tangibles, vendibles, intercambiables: una moto, una peonza, una tortilla de patata… Enla Juntase hacen leyes, claro, pero las leyes no se venden ni en el top manta y, en general, dan de comer a poca gente. Para otras personas, los llamados indignados por ejemplo, los parlamentos son fábricas de mentiras, talleres de manipulación y tuneado a la baja de la realidad productiva de los demás, sobre todo de los que menos tienen y, curiosamente, más producen.

La Junta Generaldel Principado se ha subido a sí misma sus presupuestos en más de 400.000 euros, una cantidad que muchas personas no ganaremos en varias vidas laborales consecutivas. Yo, que soy un indignado crónico además de un envidioso y un anarquista como ustedes saben, contemplo tal auto asignación de retribuciones con el mismo dolor que si me dieran una patada en las partes blandas de mi organismo. Sólo si me juran que con ese pastizal se van a crear muchos empleos, me callaré para siempre. El problema es que no me lo creo, ni yo ni nadie, claro, porque una parte, o todas las partes, de esos cuatrocientos mil pavos se van a destinar a sufragar la paga dominical de los partidos políticos, empresas que tampoco se dedican a la economía productiva (que yo sepa).

Lo único que producen estos 400.000 euros de presupuesto extra son litros y litros de esa mercancía denominada indignación, cabreo, mala hostia, o como quieran llamarla, una sustancia inflamable que no se vende, se regala en cada calle y ante cada parlamento, pero que va a costarnos a todos muy cara. Y si no, al tiempo. Oiga, póngame 400.000 euros de cabreo. ¿Se lo envuelvo? No, me lo llevo puesto

COLOR ALA DE MOSCA

Señoras y señores: me veo en la obligación de citar por segunda vez en esta semana a Groucho Marx, no me queda más remedio. El nivel de surrealismo de la actividad política asturiana lo requiere tras la votación visualizada y perpetrada  en la Junta General del Principado en la que se sumaron los votos del PSOE y el PP en un extraño maridaje ideológico, similar al de tomar morcilla con chocolate. Decía Marx: “estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”. El PSOE y el PP han dado a todo el mundo una lección de coherencia previsible y de marxismo grouchista impecable. De la misma manera que a los periodistas se nos dice eso “tranquilo, muchacho, que la realidad no cambie tu precioso titular”, a los políticos debería decírseles “tranquilo, muchacho, que las urnas no cambien tus ambiciones y pactos”.

Quienes sospechan, empezando por el propio Álvarez-Cascos, que los dos partidos ex mayoritarios tenían las cartas marcadas desde hace meses y un pacto rarito bajo la mesa camilla, empiezan a tener razones para pensar que no se equivocaban. Es lógico que socialistas y populares teman a FAC más que al hombre del saco porque hay gente que se va a quedar a dos velas durante cuatro años. Es lógico cabrearse cuando se pierden las elecciones, pero no es normal que se trate de presentar a la sociedad la imagen de un presunto bipartidismo político que no existe.  PSOE y PP son enemigos feroces sólo hasta que alguien viene a quitarles el sitio en el columpio y, entonces, se alían para emprenderla a patadas con el intruso. Hasta IU, fiel escudera del PSOE durante años, se ha quedado fuera del reparto de papeles.

La democracia es un ejercicio muy duro que, al parecer, no todo el mundo está dispuesto a soportar. Los votos sólo son buenos cuando ganamos y los sagrados principios ideológicos se ponen de color ala de mosca para pasar inadvertidos en función de las necesidades.

Que gobierne Groucho Marx, por favor.

Y dos huevos duros

Siendo ya Groucho Marx muy viejo, fue invitado a un programa de televisión en el que le preguntaron si creía en la existencia de vida después de la muerte. El veterano rey de las salidas de tono y los puros humeantes miró al presentador con ironía y le espetó: «A veces he tenido dudas de que haya vida antes de la muerte». Como el marxismo de los hermanos Marx es el único que me puedo permitir a estas alturas, lo uso como soporte ideológico para reflexionar sobre la realidad política local en la que, a fecha de hoy, hay aún gente que se pregunta si hay vida después del PSOE. Antes había gente que se preguntaba si podía haber mejor vida que con el PSOE y otras personas que, por el contrario, se cuestionaban que hubiera vida alguna durante el PSOE.
Un servidor lleva meses preguntándose si hay vida después de la política e, incluso, si la hay durante la política. He llegado también a tener dudas sobre si la vida que hay durante la política tiene calidad suficiente como para ser vivida. Que por fin se hayan conformado los ayuntamientos permite un ligero descanso a nuestras almas atribuladas que podrán confirmar o desmentir si hay o no hay vida después del PSOE, una formación política que, como todas, aspiraba a la vida eterna en la actual.
Yo espero que haya vida después del 11 de junio. No sé si de mejor o peor calidad que la vida anterior, pero, sea como sea, no me puedo permitir el lujo de suspender la mía propia. Para vivirla, la mía y la de casi todos, hay que tener el dominio de la comedia que tenían los hermanos Marx y esperar que los políticos, los de ahora y los de siempre, empeñen sus esfuerzos en que podamos vivirla con cierta tranquilidad y sin que ellos nos hagan perder el poco humor marxista que nos queda. Eso les pido. Y dos huevos duros

Papa Noel le echa huevos

Yo siempre había creído que los islandeses no existen. Vamos, que existen a medias, que existen con la única finalidad de adornar los cuentos de Navidad a base de enanos laboriosos que fabrican los juguetes de Santa Claus, fuman pipas de hierbas aromáticas y sortean enormes cagadas de renos voladores. Lo de las gaviotas es una broma al lado de lo del reno. Pues mira tú por dónde islandeses son una pandilla de tipos echados para adelante que, pese a vivir seis meses a oscuras, lo tienen muy claro a la hora de trincar ladrones aunque se dediquen a la política o políticos que hacen su carrera de ladrones en el parlamento. Islandia es el único país del mundo en el que el personal se ha negado a pagar los pufos de los bancos y, no contentos con eso, han metido en el trullo a su primer ministro, un señor que no hizo su trabajo como es debido y llevó a medio país a la bancarrota.

Esos sí que han hecho valer su indignación. Nada de acampadas, ni de tai-chi, ni de yoga al amanecer, ni de huertos ecológicos en la Puerta del Sol. Allí, en Islandia, se trinca al ladrón y se le pone a orear en la cárcel, como a los bacalaos. El valor de la indignación islandesa ha sido el único capaz de remover medianamente las bases del sistema. Las demás indignaciones han quedado muy monas en la televisión, han sido y son pasto de espectáculo mediático, pero sólo han conseguido reforzar a la derecha, un sector que, por cierto, lleva indignado de toda la vida aunque por razones diferentes.

Ha quedado claro que los islandeses creerán en Santa Claus pero no son gilipollas. Aquí hay tipos que se lo han llevado crudo durante años y andan por la calle tan campantes. Algunos han sido reelegidos presidentes, concejales y alcaldes. Y no pasa nada. Nosotros seguimos pensando que la democracia y la indignación la traen los Reyes Magos. Y tan panchos aunque, eso sí, lamentando en los bares lo que no conseguimos en los parlamentos. Creo que me paso a Papa Noel. Le echa más huevos al asunto.