Y ya.

Un año más no es nada. Fíjate en la cuenta de la hipoteca, en lo que debes. Qué más da deber doce letras más o menos. No se nota porque el tiempo ya no se mide en minutos, se mide en letras de cambio. El tiempo es un pufista que te permite saldar más y más deudas, pero a condición de dejarte sin tiempo. Los yogures tienen fecha de caducidad y la tuya es, más

o menos y si hay suerte, tu hipoteca. De manera que no te pongas filosófico con la edad, con lo de los cuarenta y pico, porque tu partida de nacimiento está en el Registro Civil pero la de defunción figura en la cuenta de resultados de tu banco y eso es de una vulgaridad

insoportable. No te pongas tierno, ni dramático, ni reivindicativo con el tiempo. El tiempo es

un pufo, una hipoteca que nunca deja de pagarse y que sólo te ha enseñado hasta la fecha que los amigos son escasos, las mujeres son volátiles, los maestros no existen y los gilipollas siempre se salen con la suya. Y recuerda que nunca vivirás lo bastante como para dejar de sorprenderte de tu propia estupidez.

Lo digo en tu descargo, compañero. De manera que no hay de qué preocuparse. Puede

que ese grano sea un tumor y esa taquicardia un aviso de infarto, que el colesterol sea tu única producción original de los últimos tiempos y que sea cierto que ya eres invisible, que pronto serás inservible si no te andas con ojo y que cada día eres menos impasible y más impresionable. No te preocupes. Ya no serás ministro, ni sabio, ni gran escritor, ni amante latino, ni amante sarnoso, ni un padrazo ejemplar, ni tendrás el Pullitzer, ni salvarás ala Humanidad, ni aprenderás inglés como Dios manda, ni darás la vuelta al mundo. Seguirás siendo un aprendiz de casi todo y un experto en casi nada hasta que la cuerda se acabe y el banco diga que tu hipoteca está saldada. Y ya.

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Un pensamiento en “Y ya.

  1. Un año más es muchísmo, pregúntaselo a los de Somalia, por ejemplo. Tenemos mucho, casi todo, pero parece ser que casi nunca es bastante. Dejamos pasar trenes cada día.
    Ni dramáticos ni nada. Y qué más dá si no llegamos a ser nada. Vivimos y hacemos lo que podemos, punto pelota.
    Un beso, mi querido Jaime Poncela.

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