No es broma

A primeros de abril se celebra el Día Internacional de la Diversión en el Trabajo. Si se tiene en cuenta que en el mundo hay millones de millones de parados, la simple posibilidad de ir a trabajar debería ser una alegría (lo de diversión me parece demasiado), pero me temo que no debe ser así en la mayoría de los casos. La verdad es que, salvo los siete enanitos de Blancanieves (quien, por cierto, era una cursi), he conocido a poca gente que vaya alegre a trabajar y, menos aún, a personas que se diviertan haciéndolo. Los más pesimistas (o lo que Mario Benedetti llamaba “optimistas bien informados”) aseguran que el sexo se acaba cuando empieza el matrimonio, posiblemente porque se convierte en una parte de las obligaciones del contrato marital. Cuando era ocasional y amateur (nunca mejor dicho), siempre parecía escaso. Cuando se entra en la dinámica del sábado,  sabadete, etc… puede resultar hasta cansino por obligado. En las cosas laborales todo queda estipulado por contrato, todo es obligatorio, de manera que cualquier atisbo de diversión en el trabajo parece condenado a nacer muerto.

Además, la palabra trabajo es una derivación del latín “trepalium”, un tipo de tortura consistente en “horadar el cráneo u otro hueso con el trépano”. Casi nada. Si se tiene en cuenta este truculento origen del término ‘trabajo’, y si a él se suma que lo que nos pide el cuerpo es holganza, se cierran aún más las posibilidades de ir cantando a trabajar con el picachón a la espalda. Por otra parte, yo no me fío demasiado de quienes se dicen que se lo pasan bien trabajando, salvo que esa afirmación tan campanuda vaya unida a un sueldo anual terminado en seis ceros o más. Luego están las empresas-secta, esas que van de guays y les ponen a los empleados mesas de ping-pong, una “wii” por barba, un minibar, o una máquina de petacos. Ponen la disculpa de que eso se hace para “estimular la creatividad” de los empleados aunque, en realidad, lo que se trata es de estabularlos para que se pasen 18 horas en la oficina.

El trabajo no es ninguna broma, así que no tiene por que ser divertido.

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