Bucle

Un año de estos la Navidad entrará en bucle y empezará a dar vueltas sobre sí misma los 365 días del año con todos nosotros dentro como una lavadora que centrifuga. Un bucle es como aquellas pescadillas enroscadas que mi madre me obligaba a comer un día fijo de cada semana. La Navidad terminará por morderse su propia cola y volverá a empezar el 7 de enero de cada año sin dar tregua.

Como ustedes saben yo odio bastante la Navidad. No es una pose. Es una alergia. No puedo con ella. Es como esas tías lejanas o tías abuelas que tenían pelos en la barbilla y que se empeñaban en comerte a besos cuando eras niño. Siguieron haciéndolo cuando ya eras un adolescente, pese a que no disimulabas en absoluto tu rechazo y malestar ante aquella avalancha de babas, pelos hirsutos, carmín y polvos de arroz con olor a una colonia llamada “Tabú”. Yo trataba de esquivar a la rotunda anciana depredadora haciendo ese gesto que ahora se llama “la cobra” y que consiste en poner a prueba la flexibilidad de tus cervicales mientras mueves la cabeza de un lado  a otro para evitar cualquier contacto físico. Tarea imposible, ya que ella te agarraba enérgicamente de los mofletes impidiendo cualquier movimiento de tu cabeza y consiguiendo plantarte en la cara el beso de rigor.Incluso siendo adulto he seguido encontrando a esas muy venerables ancianas que, empleando la misma táctica manual de inmovilización, siguen besándome por doquier y, lo que más me molesta, llamándome Jaimín.

Pues la Navidad es una tía abuela gigantesca que aparenta muy buenas intenciones y se abalanza sobre nosotros por sorpresa cada año con el ánimo de premiarnos con un cariño que nadie le ha demandado . Va maquillada y tuneada con primor y llega cada año, cada vez primero, a inmovilizarte ante panetones, turrones y lucecitas con el fin de babar tu alma con lametazos con los que que trata de comunicar la falsa esperanza de un mundo mejor en el que se hayan extinguido los hijos de puta. Como no lo consigue nunca, cada año sale antes de casa en busca de nuevos pardillos capaces de dejarse sus sueldos en la adquisición de toda la parafernalia necesaria para atravesar el inapelable trago de soportar con la mejor cara posible, que tu alma, tu dinero y tu cuerpo sean masuñados con mensajes esperanzadores, cenas de hermandad, entremeses varios, gambas orly, niños de San Ildefonso, turrones variados, uvas de la suerte y cotillón, barra libre y chocolate con churros.

Yo no puedo evitarlo. Ante la visión del primer espumillón siento como alguien grita ¡Jaimín! a mis espaldas y trata de besarme con sus morros pintados mientras amaga con arrancarme media cara. Entonces huyo hacia ninguna parte.

Amores

Para conducir una moto, para ser contable, juez, bombero, policía, ganadero o puta hay que pasar por un examen, reunir cualidades, conocer el oficio. Para ser marido o esposa, padre y madre basta con apelar al amor. El amor es la gran coartada universal para hacer lo que se quiera, la reválida que da acceso a todas las carreras de la vida. La infanta Cristina robó por amor. Otros dan palizas terribles porque dicen que la quieren. El amor a la patria genera dictadores implacables que parecen amar a sus nietos tras firmar varias condenas de muerte.

El amor es una droga demasiado dura para ser legal. El amor es una sustancia inflamable y explosiva que estalla en bombas de terrorismo cuya mecha enciende, al parecer, el amor. El amor es la coartada, el secuestrador, el rehén, el escapista, esa sombra que aparece y de desaparece en el bosque de la vida sin dar tiempo a ser atrapada.

Confundimos amor con necesidad, querer con exigir, dominar con añorar, vomitar con estar enamorado y el insomnio con la pasión. Drogarse con amor es una opción de toxicomanía aceptada por la ley. Decidir por amor es como conducir borracho, con la diferencia que por una mala decisión enamorada no te quitan puntos en el DNI. Por conducir borracho sí. El divorcio y la anulación son dos formas de negociar el fracaso del amor. Es más difícil recuperar puntos en el carné de conducir que volver a casarse otra vez, aunque vayas a cometer los mismos errores que antes, a salirte de nuevo del arcén, a ir en dirección contraria. “Estaba enamorado”, dicen a modo de disculpa. “Iba borracho”, sentencian a modo de anatema.

El amor lleva a mentir con la verdad por delante porque uno miente en un sitio para ser sincero en otro. El amor es el vaso comunicante que permite ser sincero de mentira y decir verdades que son falsas dependiendo del lugar en el que se digan. Conocí a un hombre que cada miércoles se encerraba con una mujer en la habitación de un hotel. Fingían estar en Tokio, como la pareja de “Lost in translation”. Cada verdad que él le decía a ella en aquella habitación era una mentira que debería destilar más tarde en el lugar que ocupaban las antípodas de su vida real presidida por su esposa . Cada mentira de las antípodas era una verdad en Tokio y viceversa. Asegura que fue feliz gracias a un amor que era de verdad y de mentira, tan puro como impuro, tan confuso como deslumbrante, tan ilegal como legítimo, tan amor como desamor.

Lecturas

Noticia: “una inspectora de Policía encuentra 80 euros en un cajero y los devuelve”. Brillante. El periodismo de imbecilización es una realidad. O eso o el periodista y el periódico quieren decir que los policías honrados son una excepción. Átenme la mosca por el rabo.

Hablando de rabos. Rueda de prensa imposible. Monago, ¿que hago? ¿Qué tal se da la belllota en Canarias? ¿Llevas plátanos al archipiélago como quien lleva hierro a Bilbao?
-¿Dónde vas?
-Bellotas traigo, viajes me pagan, víctima soy.
El Mono de Monago será el juguete más vendido estas Navidades. Con más de mil respuestas diferentes a la misma pregunta. Reserven ya su Mono de Repetición Monago. Un regalo imprescindible.

Titular del diario El País. “Podemos corona a Iglesias…” Bajo la atenta dirección espiritual de Juan Luisito Cebrián, académico de número en la RAE como saben, el diario que es de derechas pero no lo quiere saber se va convirtiendo en un prescriptor aventajado de la lengua castellana. El País redescubre el uso de los verbos. Se empieza por escribir que Podemos “corona” a Iglesias y cualquier día leeremos que los españoles han “elegido” a Felipe VI y su ovetense esposa. Atentos.

El BBVA propone que cada uno se pague sus despidos. Qué menos, hombre. Una limosnita para este pobre banquero. La madre de Groucho Marx ya inventó esa receta al patentar los macarrones rellenos de bicarbonato, capaces de causar y curar las indigestiones la mismo tiempo.

Pedro Sánchez (ahora conocido como Pdro Snchz) secretario general del PSOE es guapito y suave, tieso como un Madelmán, artificial como una flor de cementerio, dotado de una belleza de estampita, discurso de recetario y un argumentario que se diría de cartón.

Javier “Aferrado” Fernández ya está en precampaña. Luce en el cartel camisa blanca arremangada y el gesto firme de estar pidiendo a mano alzada una de hígado encebollao en el chigre de la madre de Fernández Villa “el confuso”. Reza el cartel “¡Vamos, Asturias!”. Lo que no dicen es a dónde vamos o si el cartel es una errata (como todo lo demás) y lo que pone es, en realidad, “¡Vámonos de Asturias!”.

Mañana más.

Vocales

pedro sanchez

 

A partir de ahora pueden ustedes llamarme Jme Pncla. Sigo la tendencia (ir como un borrego detrás de lo que hacen los otros ahora se llama “tendencia”). Yo fui Jaime Poncela hasta que Pedro Sánchez se convirtió en Pdro Snchz, aplicando a su propio nombre una cosa que los diseñadores gráficos llaman diseño adaptativo. (Mi maestro Ángel Heredia, catedrático de la Universidad Pontificia de la Coría me lo explicó). El diseño adaptativo consiste en que las marcas y logotipos se diseñan de tal forma que se adapten al tamaño del espacio disponible. O sea que no es lo mismo ver una cosa en una pantalla de ordenador, en la de una tableta o en la de un teléfono. Por eso Pdro Snchz se ha comido sus propias vocales con el fin de ser un candidato adaptativo a las necesidades de la audiencia. Un candidato con un nombre de quita y pon. Ignoro si eso lo decidió el día que telefoneó a “Sálvame” o cuando habló con Pablo Motos.

El PSOE, partido que lidera el hombre sin vocales, también se fue adaptando a los tiempos mediante la supresión de alguna de sus siglas. Hace tiempo dejó caer la “o” de obrero y hay quienes incluso tienen dudas de que sea socialista y español (esto último pasó con aquello de la OTAN y los americanos). El PSOE es ahora mismo un P, un partido genérico como los medicamentos, una marca blanca de la política que a base de adaptarse a las circunstancias ha perdido sus particularidades ideológicas. Ya dijo Rubalcaba aquello de que el republicanismo de los socialistas estaba en el alma, no en el cuerpo (¿o era al revés?) y Felipe González sugirió aliarse con el PP. En ese caso tendríamos en España un partido único: el PPP, un partido sin vocales como Pdro Snchz. El problema de adaptarse tanto al tamaño disponible es que uno puede llegar a desaparecer o a ser irreconocible. Es como esas actrices o actores que se hacen tanta cirugía estética que, finalmente, terminan por no parecerse a nadie, ni a sí mismos.

Ya les contaré como me va en mi versión de Jme Pncla, aunque me da la sensación de que pronto volveré a ser Jaime Poncela.

Gracia

El premio de consolación erótica para quienes nunca fuimos unos galanes era eso que decían las mozas a nuestras espaldas: “no es guapo, pero tiene gracia”. Iba una cosa por la otra, era la ley de la compensación que tanto agrada a los mediocres, consuela a los feos y entristece a sus madres respectivas que los ven solterones eternos. Yo no estoy de acuerdo. Hay que aclarar que los que no son guapos pueden ser muy simpáticos o no tener ninguna gracia. Los vasos comunicantes entre la belleza y la gracia no siempre funcionan según lo que presupone la sabiduría popular y quien no está dotado para las artes amatorias no tiene por que ser un monstruo de la comedia. De modo que no conviene mezclar ni confundir la velocidad con el tocino, la belleza con la gracia o, como se ha puesto de moda últimamente en política, lo legal con lo moral, con lo ético y hasta con lo estético. La consejera Esther Díaz, miembro notable del gabinete autonómico que preside “aferrado Fernández”, el hombre que callaba demasiado, ha salido a explicar de nuevo su doble vertiente de cargo público y socia de una empresa familiar que, vaya por Dios, se ha beneficiado de encargos recibidos de distintas administraciones públicas por  la vía de la subcontrata.

La consejera Díaz, conocida por ser poco sutil en su gestión cotidiana y en el trato con los subordinados, hizo gala en su comparecencia pública de un tacto exquisito para separar lo legal de lo demás sin quedarse por el camino con ninguna espina. Con el mismo pulso que un experto catador de besugos separa la suave carne de las agrestes púas, doña Esther volvió a recitar el mantra de la legalidad para evitar cualquier roce con el espinoso asunto de lo que es o no es ético  en la actuación de un cargo público que, como es su caso, tiene el mandato de administrar el dinero de los que menos tienen, de repartir migajas entre los que las únicas empresas de la que son socios son el Inem y la Seguridad Social, dos emporios en los que invirtieron vida y hacienda y que dan cada vez menos beneficios.

Esther Díaz ha venido a replicar a quienes opinan que su doble vida de empresaria/consejera no es bella ni edificante, que a ella le da lo mismo porque es legal. Y se acabó. Queda feo que un socialista que reparte miseria tenga sueldo y sobresueldo, pero es que es legal. No será guapo, pero tiene gracia al parecer, la gracia que le concede la legalidad de una sociedad que, pese a casi 40 años de democracia, todavía no ha sabido, podido o querido legislar las puertas giratorias, las dobles contabilidades o los negocios privados de los servidores públicos que, como todo el mundo, son insaciables y quieren ser guapos y, de paso, que les riamos todas las gracias cuando en realidad pensamos que lo que hacen, además de nada ético, no tiene ni puta gracia.

Perros

Si pisar una mierda de perro es desagradable y engorroso, pero aún es pisar la mierda de tu propio perro. No puedes culpar a nadie de la incívica cerdada de la que has sido causante y víctima al mismo tiempo, tienes que recoger el cagallón y, además, deberás limpiarte la suela del zapato con la misma intensidad y detalle que si el zurullo lo hubiese soltado el perro del vecino. En esas circunstancias se descubre también que la mierda del perro de uno huele tan mal como la del chucho de cualquiera, aunque el excremento tiene un componente invisible que, además de afectar al olfato, afecta mucho más al amor propio. Resumiendo: el perro, la mierda y el error son todos propiedad de la misma persona, así como la jodida tarea de limpiar el zapato enmierdado.

PP y PSOE llevan años pisando la mierda de sus propias mascotas, unos perros que, pese a que se nos asegura que son de la pura raza de los guardianes de las esencias de la democracia, estuvieron atados con longanizas durante años y, ya sin control, tienden a depositar sus corruptelas en todas las aceras del estado de derecho por las que circula el personal. La primera reacción de socialistas y populares fue negar que el perro cagón fuera suyo aunque el microchip y la tarjeta del animal dejaban en evidencia al perrito que, además, movía el rabo muy contento cada vez que veía a sus amos. Los jefes de los grandes partidos fueron evitando como pudieron pisar las cacas de sus mascotas. Pero cuando los que mandaban pisaron mierda algunos de los perros fueron sacrificados de noche para que dejaran de cagarla y para que los amos tuvieran tiempo a limpiar la suela de los zapatos.

El problema es que la proliferación de zurullos es tan grande que ya no hay manera de disimular. Los grandes pisan a diario sus propias mierdas sin poder negar que el perro que las dejó es de su propiedad y sin que les dé tiempo a limpiarse los zapatos. Las huellas marrones van todas en la misma dirección, los perros son siempre los mismos aunque sus collares puedan variar. Los dueños ya no pueden ocultar el olor ni la su responsabilidad, se deshacen en disculpas con el vecindario asegurando que van a cambiar de perro, que lo sacarán de paseo a otra hora o que recogerán sus caquitas con esmero. Ya nadie se lo cree, claro está, porque cada mañana nos encontramos con una nueva historia de otro político, sindicalista o lo que sea que ha pisado su propia mierda y trata de limpiar el rastro y el olor sin conseguirlo.

El único candidato creíble desde ahora será aquel que tenga los zapatos siempre limpios, el perro bien educado y sea capaz de baldear las calles para retirar de nuestra vista toda la mierda que ya no deja dar un paso ni a quienes la han dejado ahí.

Niño

Al lado de la vía del tren, entre la maleza, ha aparecido un niño muerto. Su cuerpo estaba tirado de cualquier manera, ni siquiera enterrado,  como aparecen los gatos excedentes de camada. Cuando la actualidad deja tras de sí un niño muerto y abandonado como un escombro a uno le quedan pocas ganas de escribir nada ocurrente, ingenioso u original. En días como éste a uno no le quedan ganas de escribir nada de nada porque se me revuelven las tripas.

No me gustan las noticias con niños. Ni las buenas, ni las malas. No me gustan los reportajes llenos de ñoños topicazos periodísticos narrados con almibarados tonos de voz, y aún menos los volcados en los eventos navideños o mercaplanescos.

Pero me desencajan de manera especial las historias en los que un niño es el centro de cualquier suceso macabro. Desde la simple bofetada hasta la violencia doméstica más refinada, pasando por el abuso sórdido de la especie que sea, o la venganza conyugal con hijos como rehenes, cualquier historia con menores maltratados es un paso atrás de este presunto mundo moderno y tecnológico, solidario hasta lo ridículo con perros abandonados o arañas de Birmania, pero indiferente ante el maltrato . Un niño agredido, torturado o esclavizado de cualquier manera es la peor forma de revoltura social, un asco antropológico que coloca a los humanos a un nivel de evolución previa a los batracios que se comen a sus propias crias.

Los niños deberían ser invisibles para la maldad, intocables para la injusticia, y no cargar nunca con los miedos, los odios y las frustraciones de los adultos. Los niños no son mascotas de las que uno se pueda cansar a los quince días, ni monedas de cambio, ni regalos con patas, ni la diana de un espermatozoide, ni muñecos a los que hay que vacunar y cambiar los pañales. Los niños son lo poco decente que queda de nosotros mismos antes de que nos dediquemos en exclusiva a engordar, trabajar, pagar la hipoteca y dejar de ver a nuestros hijos.

Los niños no tendrían que ser noticia casi nunca.

Pío Bracinos

La biografía presuntamente apócrifa de Pío Bracinos abre en este blog la sección “Vidas de ejemplares”, una recopilación de existencias improbables aunque no imposibles que cada semana saldrán al aire en “la Radio es Mía” de TPA. programa dirigido, presentado e inventado por Pachi Poncela.

Aquí está el mp3 de hoy.

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Hospital

Un día en un hospital aclara mucho las cosas. En medio de ese olor a formol, fritanga o desinfectante, perdido por esos pasillos en los que uno lee carteles con mensajes misteriosos como ‘zona séptica, no pasar’, en los que se cruzan un carrito lleno de bocadillos con otro lleno de historiales médicos y ambos adelantan a una camilla con piloto y copiloto que sale de boxes hacia el quirófano, el huésped del hospital ve todo con claridad. Se despejan allí, de un golpe, conceptos como suerte, desgracia, dolor, tiempo, paciencia o burocracia. Allí es donde las clases sociales sólo son tres: sanos, enfermos y médicos, el lugar donde se puede releer diez veces la misma noticia del mismo periódico, y donde se escrutan las caras de médicos y enfermeras a la busca de un gesto que valga por mil diagnósticos.

Un hospital es el sitio en el que uno promete en silencio no volver a fumar nunca, mirarse la tensión, revisar ese bulto, y prescindir de los chupitos. Es el banco de pruebas de nuestro sentido del humor, de nuestra paciencia y de nuestro culo porque ese es el lugar donde un diseñador de muebles (a quien Dios confunda) colocó las sillas de acompañante de enfermos más incómodas de la galaxia.

En un hospital se entiende bien la ley de la relatividad. El tiempo y el espacio tienen otro significado, las horas se miden en bolsas de suero o en turnos de enfermeras y celadores y uno se da cuenta de que podría estar peor de lo que está. O también mejor. Allí sentado y con la única tarea de esperar, uno entiende muy bien a Woody Allen cuando escribe que las dos mejores palabras que uno puede oír en ciertas ocasiones no son «te quiero», sino «es benigno».

Respuesta a Ramón Muñiz de P.

Este texto responde a lo publicado en Facebook por Ramón Muñiz, redactor de El Comercio ofreciendo su particular versión de los hechos que desembocaron en mi salida forzosa de ese periódico. Este es su texto completo.

Y esta es mi respuesta con la que, lo juro, doy por terminado este asunto.

Querido muchacho, no sabes de qué va. Supongo que te habrás ganado una palmadita de tus jefes por este remedo de Catilinaria que me dedicas sin tomarte ni la molestia de escribir mi apellido completo. En primer lugar léete bien la columna. P., que soy yo, nunca criticó al periódico, sino a los rivales políticos del señor Medina por sacar a la luz un asunto viejo y menor de forma “tan oportuna“. Ahórrame esas historias sobre el papel cívico y moralista de los medios, su rol heroico aireando cosas feas porque es su deber, etec. Tú y yo sabemos que los periódicos se callan muchas cosas, las publican o no según convenga y hacen campañas en función de sus intereses empresariales, no del “bien común”. El periódico publicó la filtración del PP contra Medina y todo perfecto. No sé si la publicó el día que llegó a la redacción o se guardó esperando la cercanía del congresos del PP. Me da igual, No es el caso. P. no criticó al periódico, criticó la guerra sucia del PP y de Foro (que también estaba detrás de esta información). Eso por un lado. Lo que pasa es que el periódico, por mala conciencia o por paranoia o porque ya tenía ganas de librarse de P., quiso ver una crítica donde no la había y censuró el artículo de P. sin tomarse la molestia de avisar (como hizo otras muchas veces) o preguntar y P., en pleno uso de su libertad como colaborador independiente y dueño de sus textos, lo contó donde le pareció, cosa que al periódico le preció muy mal. El periódico mando a P. a la mierda, decisión que a unos cuantos os parece muy bien y a otros les parece muy mal.

A P. le jode básicamente que no se pueda opinar y que después de tanto tiempo de relación profesional cono esa casa nadie se tomara la molestia de llamarme para preguntarme qué intenciones tenía con mi artículo. Me laminaron por correo electrónico y punto. Ya soy demasiado mayor para morder la mano que me da de comer, así que ese rollo de que la culpa de todo es mía no se lo cree nadie. Lamento que tú te lo hayas creído, así como otras personas que están en esa casa y que, pese a haber trabajado conmigo muchos años tampoco se tomaron la molestia de conocer mi versión de los hechos. Luego, a la hora del café, ponen a de vuelta y media a la dirección del periódico. Qué ironía. En fin. El miedo guarda la viña y en ese periódico funciona de este hace tiempo un proceso de hormigonado ideológico que no me parece sano. Las cifras de ventas y lectores parecen confirmarlo.

Atentamente, P.