Septiembre

A fecha de hoy volvemos a darnos cuenta de que lo hemos dejado todo para septiembre y de que llegamos con todas las lecciones prendidas con alfileres. Y así van muchos años seguidos de intentos reiterados y desesperados de no repetir curso, de arañar unas décimas y sacar la cabeza, o de confiar en la bondad del viejo catedrático que se jubila y regala un aprobado general. Como no nos regalen el aprobado vamos aviados porque, un año más, no hemos estudiado lo suficiente para presentarnos a nada. Seguimos sumergidos en la burrez complaciente, gobernados por la conjura de los necios, educados en la academia de Sálvame de Luxe e informados de la realidad por unos manipuladores que son un cruce perfecto entre la pitonisa Lola y Joseph Goebbels. Así nunca haremos carrera. Yo personalmente no soy un buen alumno presencial porque he faltado a infinidad de clases y ya no tengo edad para apreciar los encantos de la enseñanza por correspondencia, llamada ahora pomposamente on line. Además ya no se puede estudiar por libre porque tienes el suspenso garantizado y  porque nadie te pasa unos buenos apuntes que sirvan a para empollar a última hora y poder superar esta nueva encerrona. No hay ya paciencia para apuntar en un papel nada que supere en extensión los famosos 140 caracteres. Las chuletas de antes eran más largas. Es muy difícil hacer carrera en estas condiciones y presentarse a la convocatoria de septiembre con el temario preparado de manera que, un año más, las asignaturas pendientes -las propias y las generales- son las mismas. La pronografía política crece al ritmo de la pronografía  infantil, las cacerías de mujeres siguen arrojando balances diarios de piezas abatidas cada vez más escandalosos, los obispos se disfrazan con la capa que usaban las brujas de Zugarramurdi y nos sobrevuelan como pinturas negras de Goya. Rajoy vuelve a mentir cum laude, Javier Fernández suspende en educación física al ser un presidente con freno y marcha atrás. El PSOE se presenta en última convocatoria a las elecciones que sean, la derecha sigue copiando para sacar un cinco pelado y Podemos se convierte en el acusica de la clase poniendo cruces en la pizarra. Todo retorna al mismo sitio tras la ilusión soleada de julio y agosto. Volveremos a suspender y repetiremos curso.


ELA

Uno no es nadie este verano sin montarse su propio numerito de lanzarse un caldero de agua por la cabeza en solidaridad, al parecer, con los enfermos de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Vaya por delante que a un servidor le parece una pijada de gran calibre esta cadena humana de gente que se remoja a voluntad con agua helada. Aparte de que hacerlo en verano tiene muy poco mérito y que donde mejor está el hielo es en un gin tonic, a uno se le escapa ya donde está a estas alturas el presunto fin humanitario de esta charlotada en la que lo accesorio, el espectáculo y la anécdota han dejado atrás a lo que era, al parecer, una nueva demostración urbi et orbe de que el mundo no es tan cruel como parece. Uno que es un cabrón con pintas tiene, además, serias dudas de que la mitad de los que se someten a estas duchas de impresión tengan idea alguna de lo que es la esclerosis lateral. Ustedes dirán, y con razón, que no hace falta saber nada de la enfermedad porque la clave del calderazo es que se haga en público, lo de menos es el fondo y lo que importa es la forma. El objetivo es que todo el mundo se entere de que uno está comiendo un torrezno, pensando en James Joyce o siendo solidario con el ELA, los perritos o los gatitos. Se ha terminado la privacidad, el anonimato, el vivir según aquello de que “no sepa tu mano derecha lo que hace tu mano izquierda”. (Esto de las manos les pasa a los del PSOE, pero esa es otra historia). En fin que nada tiene valor real si no sale en la televisión o en las redes sociales. Amador Mohedano es un caso un poco extremo de este afán por socializar actividades privadas, tal vez siguiendo aquel verso apócrifo atribuido por la tradición oral al bueno de Francisco de Quevedo cuando fue sorprendido haciendo sus necesidades en público: “hasta por el culo me conocen”, dicen que dijo el poeta. Mohedano ha hecho caca en un pedreru y de su desahogo hay testimonio audiovisual. Bastará que alguien convierta en un “reto” de internet cagarse en la playa y “nomine” a sus colegas para que toda la Red se llene de zurullos solidarios con, pongamos por caso, los enfermos de colitis ulcerosa. A uno le parece que estamos presenciando una epidemia de otro tipo de ELA, la Estupidez Lamentable Aguda, una dolencia que se extiende ante nuestros ojos más rápido  que la gripe y de la que, al tiempo, nadie está a salvo.

 


Miguel Conde

Con Miguel Conde compartí algo tan elemental como el humor. No éramos propiamente amigos, tampoco teníamos en común ideas políticas -más bien todo lo contrario-, pero era estimulante encontrarme con él en algún corrillo de vinos y cervezas, o en alguna sobremesa compartida con otros amigos comunes y analizar la actualidad política a base de chispazos de ingenio, mucha ironía y un pelín de sarcasmo. La sangre nunca llegaba al río por mucho que se discrepara con él en aquellas charlas, y todo terminaba en risas porque, al final, la inteligencia, la elegancia y el sentido común de las personas hacen posible la convivencia por muy en desacuerdo que se esté. Miguel fue siempre conmigo afable, inteligente, elegante y con sentido común, capaz de dialogar sin dejar de defender sus ideas y sin despreciar al contrincante. Fue además un hombre generoso y uno lo supo cuando necesitó su ayuda para resolver intrincados papeleos bancarios. Se puso a mi disposición sin apenas conocerme con una generosidad que era una de sus señas de identidad como luego supe por otras personas a las que también ayudó. Hablé con él por última vez cuando se le diagnosticó su enfermedad. Como de costumbre él fue el más elegante, generoso y con mejor ánimo de los dos durante aquella charla. Su muerte es sencillamente una pena, una pérdida, un dolor sobre el que, como sobre otras muchas cosas, la vida no da explicaciones. Descanse en paz un buen paisano.


Atasco

Leído en internet: “Ha muerto un hombre por llevar un vibrador atascado en el recto”. Noticia del día. Son cosas que pasan, como hay gente que muere en Gaza por tener un ejército israelí atascado en su espacio aéreo. A Podemos se le ha atascado Willy Toledo y viceversa. Así de imprevisible es la actualidad del mundo. Se nos atascan cosas, personas, libros, periódicos, aficiones que alguna vez nos metimos por alguno de los orificios de nuestra vida pensando que nos darían muchas satisfacciones y, al final, no dan más que dolores y molestias. Por ejemplo  Gijón tiene metido por el orificio democrático de sus urnas a un gobierno municipal que juega a las casitas con la mayor ciudad de Asturias y que exhibe como único mérito de su presunta gestión un carril bici muy mono que sirve para que la alcaldesa y sus amigos puedan rodar spots publicitarios emulando a María Garralón, Tito y Piraña. Mientras pasea en bicicleta, la señora Moriyón trata de hacernos digerir cómo es posible dar 40.000 euros de ayuda pública a una asociación muy de derechas que nada tiene que ver con esta ciudad y, a la vez, ir a los tribunales para pleitear contra el Ayuntamiento que ella misma preside para dejar sin efecto las ayudas que se dan a las familias desahuciadas de su casa por los bancos. Todo un ejemplo de equidad, justicia y sentido de la ética para ejemplificar un concepto de la política tan coherente como llevar un vibrador metido en el intestino grueso. Este Ayuntamiento estreñido por su propio concepto patrimonial del poder, poder de señorito y basado en ocurrencias o venganzas, es un cuerpo extraño metido en el orto de una ciudad que siempre fue muy suelta, algo anarcoide y con una flora ciudadana más activa que la de los yogures que anuncian las actrices. Sin embargo, Gijón padece desde hace más de tres años un creciente estreñimiento provocado por un gobierno local que tapona cualquier salida digna y una oposición que debería desayunar laxante para empezar a soltarse de una vez y dejar de cagar fuera del tiesto. Nada parece indicar que las cosas vayan a cambiar a corto o medio plazo. Veremos si en 2015 cambiamos de dieta política y sexual o seguimos todos con un cuerpo políticamente extraño metido en el culo.


Fiarse

Si no fuera porque he visto esta mañana el saldo de mi cuenta corriente antes de leer los periódicos  pensaría que Gijón es una ciudad de fábula en la que todo va viento en popa. Hoteles llenos, Feria de Muestras a reventar y un carril bici de ensueño que permite apreciar en toda su densidad los atascos que debemos agradecer al turismo, no afear a la imprevisión de nuestro inútil equipo de gobierno municipal. Y no hablemos de España, un lugar al que la prosperidad ha venido a  quedarse o tal vez a jubilarse como los alemanes de Benidorm. Las noticias que publica mi cajero automático y el de mis amigos, los titulares que se escriben cada mes en nuestras nóminas cada vez tienen menos que ver con los que ofrecen los periódicos, radios y televisiones. Las noticias cotidianas no paran de contradecir a la realidad, aunque puede que todo se deba a nuestra falta de perspectiva y que lo que está pasando es que la realidad no es lo que vemos nosotros sino lo que sale por la tele. Por ejemplo, yo creo que esta es una democracia adulta, con todas las tetas como diría Miguel Ángel Rodríguez, y resulta que vienen los del ‘Hola’ y sacan en portada a todos los Franco que en el mundo quedan veraneando en el Pazo de Meirás. Solo queda reflotar el ‘Azor’ y salir a la pesca de subsaharianos con potera. Los descendientes de Franco se ríen a cámara batiente en la medida que el botox se lo permite, mostrando que la dentadura de la dictadura sigue teniendo piezas suficientes con las que devorar lo que le echen. Y me atoro aún más cuando veo que la madurez solidaria de nuestra sociedad con los enfermos de ELA se manifiesta mediante el lanzamiento de cubos de agua helada. El horror se completa cuando leo que cierto tenorín anuncia que cambiará la letra del himno de Asturias, canción de borrachos que puede acabar siendo adaptada por idiotas con ínfulas de poeta . O me engañan mis ojos, o me engaña todo lo demás. Este es un conflicto que Groucho Marx resolvió con maestría cuando lanzó una pregunta que debemos hacernos cada día ante lo que nos cuentan: ¿de quién va a fiarse usted, de mi o de sus propios ojos? Pues eso.


Veraneos 15

Durante los últimos meses y sin haberla buscado uno ha recibido abundante información acerca de las diez mejores maneras de conseguir abdominales de hierro, la dieta de adelgazamiento infalible que sorprende a los médicos más avezados, los más de cien infalibles trucos de la farmacopea vietnamita para mantener la erección en todo lo alto, además de ofertas de cursos de hebreo online, dossieres con las claves secretas de cómo Podemos nos pasará a todos por la piedra, las mejores recetas del arroz con chirlas, además de vídeos de perritos listos, gatitos tiernos, caballos aspirantes al premio Nobel, así como completa y detallada narración de vacaciones familiares explicadas a través de fotografías de pies, paellas, desayunos continentales, sardinas a la plancha y, desde luego, cachopos de tamaños variables. El cachopo es la unidad de medida del ocio y la gastronomía de la misma manera que el “like” es la medida del talento, la fama o la consistencia intelectual de cualquier frase, declaración o fotografía colocada en Internet para ser sometidas al público escrutinio. Seguir la corriente como un borrego se denomina “tendencia” y ser “trending topic” aunque sea durante una mañana tiene más valor que haberse sacado el graduado escolar. Me he enterado sin estar interesado en ello de las cosas que hacen, comen, beben o piensan ciudadanos a los que posiblemente nunca conozca y que no tienen interés ninguno en conocerme a mí. Internet ha arrojado sobre mí citas poéticas de calidad variable, diatribas contra el gobierno, los bancos, las corridas de toros y otras alimañas, escritas todas de principio a fin con letras mayúsculas, y también he visto solemnes declaraciones sobre asuntos de gran calado social (los fichajes del Barcelona o del Madrid, pongo por caso) cuajados de campanudas faltas de ortografía. Por si fuera poco, tras morir Lauren Bacall el glamour en parejas famosas lo ostentan oficialmente Bigote Arrocet y María Teresa Campos. “Si me necesitas di Mairucha, cha, cha”, dicen que le dijo él a ella. Hay veranos en los que el espacio vacío que deja la muerte de los mitos es ocupado sin remedio por personajes de vulgaridad deprimente y el ordenador no es más que una bola de cristal que solo ofrece respuestas a las preguntas que uno no se plantea.

 


Veraneos 14

Alaska canta el Cara al Sol con la silicona nueva en toda la Escalerona acompañada por Lina Morgan, Carlos Rubiera y los de la cabra. Es la Semana Grande y el espectáculo debe continuar a ritmo del ébola que es la canción del verano. Llegan de Andorra unos gaiteros con barretina que llevan los maletines de Jordi Pujol. El Yoda sodomiza a España subido a un taburete mientras grita Más y Más. Donald Draper me ofrece un culín de sidra que va escanciado mientras cae con suma elegancia desde el ático del Bankunion Building por cuya fachada, a la sazón, asciende el Sporting de segunda división a primera depresión. Le siguen hordas de inmigrantes que trepan desde Melilla para conocer a Fátima Báñez y los milagros que hace con la Virgen del Rocío. Se suma al exorcismo el arzobispo de Oviedo que dona un riñón a la Virgen de Begoña con motivo de las fiestas patronales. Lo hace a riesgo de padecer la venganza de la Santina que siente unos celos pequeñinos y galanos mientras, despechada, aprende a cantar tangos papales con letra de Rouco Varela y Homero Manzi. Los arzobispos siempre hacen sus cálculos, aunque sean renales, y las vírgenes están ahí para aguantar lo que sea: bodas de luto, ofrendas florales, forales o foristas y bautizos con champán. Jovellanos se bajó de la peana el 6 de agosto por ser alérgico a las coronas y pasea en albornoz por el Muro pidiendo un polígrafo y un bolígrafo, buscando un digno e ilustrado sucesor y pillando sitio de preferencia para ver los fuegos. Pablo Iglesias se suelta la coleta y se convierte en Mario Vaquerizo y ríe como una hiena analfabeta al tiempo que  devora los despojos de los toros tullidos y descabellados del Bibio. Los toros mansos se suicidan a la vez que Robin Williams y se largan haciendo una peineta al respetable. “Si no aguantan bromas que se vayan del mundo”, declara Ruiz Gallardón apartando los muertos no nasciturus de la semana mientras se coloca la mantilla española bajo la que esconde a su hijo borracho. Se dice que el presidente silente, Javier Fernández, ha participado en el descenso del Sella de incógnito. Lo ha hecho buceando para acallar las voces de esos que dicen que aún no ha hecho nada digno de mención. “Llevo tres años aguantando la respiración. Ahora verán de lo que soy capaz”, declaró Fernández a un grupo de periodistas sordomudos que tomaban nota en cuadernos sin papel con bolígrafos sin tinta. Todos ellos son mancos. Se abre la puerta del ascensor y aparecen Jorge Javier y una ex novia de Paquirrín que me dicen “llevas la bragueta abierta”. Despierto con taquicardia bañado en sudor frío. Las siestas de verano son muy peligrosas.

 


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